La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
Ante el envío a Damasco de una misión sinodal de reconciliación

El patriarca de Oriente afirma que la guerra en Siria “tiene una enorme carga de mentira e hipocresía”

Su Santidad el Papa ha dispuesto en envio a Siria de una delegación para expresar, en nombre del Sínodo y del suyo propio, su solidaridad y cercanía con la martirizada población de esa nación. La iniciativa del Papa responde al llamamiento que hicieron los propios obispos sinodales al comienzo de sus trabajos tras escuchar el prelado Jospeh Absi, auxiliar de Damasco. Ayer, mientras el portavoz vaticano anunciaba que los detalles de la delegación sinodal no están aún acabados, el patriarca de Antioquía y de todo Oriente, Gregorios III Laham, en una conferencia pronunciada en el aula Pio IX del palacio San Calixto, indicó que la reconciliación es fundamental para Siria, y consideró que la delegación que viajará a su país llevará la sensibilidad de toda la Iglesia

Al inicio de la conferencia organizada por la fundación católica Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), el patriarca se presentó con estas palabras: «Soy el patriarca griego católico melquita, con sede en Damasco, y en todo el mundo un arzobispo, por así decir ‘un pequeño papa en comunión con Roma’. Soy presidente de la jerarquía católica en Siria, ciudadano de dicho país. Tengo los pasaportes sirio, palestino, libanés y vaticano. Amo al mundo árabe y a estos países».

«Nosotros somos árabes si bien no musulmanes, orientales pero no ortodoxos, católicos aunque no latinos. Una Iglesia sin fronteras en el corazón del mundo árabe, una Iglesia de los árabes en un mundo con mayoría musulmana».

Sobre la delegación que viajará a Siria compuesta por miembros del actual sínodo indicó que “es hermoso ver que esta visita es en nombre de la diplomacia vaticana y en nombre de la Iglesia de todo el mundo, como lo demuestra la elección de los cardenales y obispos, provenientes de diversos países del mundo».

Recordó justamente la participación de los cardenales Laurent Mosengwo Pasinya, arzobispo de Kinshasa; Jean-Louis Tauran, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso; Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York; Fabio Suescun Mutis, ordinario militar en Colombia; Joseph Nguyen Nang, obispo de Phat Diem.  Una composición muy interesante –opinó- porque lleva la sensibilidad de toda la Iglesia y spero que sea una voz en el desierto de la desinformación, mentiras e hipocresía».

El patriarca subrayó que en su país la idea de la reconciliación «no es una parodia, al punto que el Gobierno ha instituido un ministerio para lograr la misma. Un punto de apertura que demuestra que existe una mente abierta en esta Siria tan maltratada por todos». Y añadió que «la reconciliación es una palabra que va más allá de la crisis política. Siria tiene una crisis relacionada con Palestina y el mundo árabe» y esa «reconciliación es una palabra que vale también ante la división existente entre Occidente y Oriente».

Siria es un país en donde la guerra no tiene una cara –dijo su beatitud citando el comentario de un periodista- y por ello tiene una enorme carga de mentira e hipocresía». Recordó que la libertad religiosa en su país «no es un regalo de régimen» y que alguien dijo «que el extremismo islámico lleva la historia a mil años hacia atrás». «Tenemos más libertad que los musulmanes. Aquí los cristianos pueden decir las cosas sin tanta cautela» y sobre la libertad religiosa añadió: «Tenemos libertad religiosa, juventud, procesiones, todo lo que ustedes tienen y a veces aún más. Se puede caminar de una iglesia a otra por la calle sin problemas».

¿Qué nos traerán quienes quieren venir después?, se preguntó el patriarca, y relanzó su pregunta: ¿En Kuwait, Arabia Saudita existe libertad?. Y comentó que en algunos países no pueden permitir que un religioso camine por la calle con hábitos, no porque son malos, sino porque obtener un estatus de libertad religiosa implica tiempo si bien ese estatus en Siria ya existe.

Sor Mariam de la Croix, coordinadora del movimiento Mushalá, que en árabe significa «reconciliación», lamentó que en el sufrimiento de esta guerra, «los medios no hayan subrayado que el pueblo no la quiere». «Sufrimos fortísimas presiones de todas las partes, nos pintan como los malos. Hace un año, en un gran encuentro en la costa de Siria, con miles de representantes de la sociedad civili, se hizo un pacto: no vender armas unos contra los otros. Y es la población quien no quiere entrar en la tentación de una guerra civil» dijo.