La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Las elecciones gallegas y vascas: sonrisas y lágrimas

M.C..- Los resultados de las elecciones gallegas y vascas han confirmado, solo en parte,  lo que vienen diciendo los sondeos sociológicos desde hace tiempo: la desafección del electorado hacia los partidos, cristalizada en la abstención si bien ha sido menos de lo que preveían las primeras hopras de votación; la victoria por nueva mayoría absoluta del Partido Popular en esta región, atribuible más bien al respaldo que los gallegos han dado a la buena gestión de Nuñez Feijoo; el triunfo del nacionalismo vasco con la siniestra sombra de los proetarras como segunda fuerza y el desplome de los socialistas en las dos autonomías. Razones para las sonrisas… y para las lágrimas.

Si alguna vez el PSOE creyó que las negociaciones con ETA y la “paz” conseguida a costa de la burla de legalidad y de la sangre vertida por las victimas del terrorismo, podrían ser la palanca de su consolidación en el País Vasco, las urnas le han dado la respuesta más dolorosa que podrían esperar. ¿Que va a hacer ahora el señor Perez Rubalcaba, aparte de lamerse las heridas que se añaden a las ya sufridas el pasado 20-N? ¿Más radicalismo en las calles, más apoyo a las huelgas generales, más tremendismo guerracivilista? En realidad, lo que haga el PSOE apenas interesa ya a nadie, a menos que empiece a recordar la senda de la sensatez que hizo posible la Transición y brinde al PP un apoyo sin fisuras ni reticencias ideológicas frente a la crisis secesionista que se nos avecina. Porque si la derrota sufrida en Galicia y País Vasco ha sido sonada, más aún lo va a ser en Cataluña.

En todo caso, la desigual lectura que nos ofrece el resultado del escrutinio en las dos comunidades donde se han celebrado los comicios, no es para tirar cohetes. Bien es verdad que el triunfo por mayoría absoluta del PP en Galicia puede entenderse desde Génova y La Moncloa como un refrendo casi plesbicitario para Mariano Rajoy, a pesar de la fuerte abstención registrada; pero la previsible formación de un gobierno de coalición nacionalista en el País Vasco, que estará de hecho, secuestrado por la banda terrorista por mucho que haga valer el PNV su escasa mayoría frente a Bildu, ofrece el peor de los escenarios posibles para la estabilidad de España como Estado unido.

La alianza en puertas PNV-Bildu con la debacle socialista adelanta ya lo que va a ocurrir en Cataluña, con la previsible victoria de una CiU envalentonada con su reto separatista. Aquellos polvos de las torpezas de un socialismo que jugó a fondo su propósito de dejar en la cuneta al PP, han traído los lodos de un separatismo “enragè” que, al mismo tiempo, va a dejar fuera de juego a los propios separatistas.

Por ello, una de dos: o el PSOE se regenera a partir de una clara voluntad de apoyar la Constitución hasta sus últimas consecuencias, o desaparece prácticamente del mapa político aunque le quede aún el testimonial reducto andaluz y asturiano gracias al apoyo de la extrema izquierda que juega el papel que más conveniente cree para sus propios intereses.

En definitiva, nadie, salvo los separatistas, tienen hoy razones para estar contentos; la victoria del PP en Galicia no basta para que Rajoy se fume un puro para celebrarla aunque, eso sí, le permite al menos cobrar más emergías para afrontar la batalla que se disponen a dar los separatistas vascos y catalanes. Y lo dicho: en esa lid no puede ni debe estar solo: es la oportunidad del PSOE para redimirse ante su electorado…