La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Otro Domingo Mundial

 Eleuterio Fernández Guzmán. Licenciado en Derecho.- “La celebración de la Jornada Misionera Mundial de este año adquiere un significado especial. La celebración del 50 aniversario del comienzo del Concilio Vaticano II, la apertura del Año de la Fe y el Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización, contribuyen a reafirmar la voluntad de la Iglesia de comprometerse con más valor y celo en la misión ad gentes, para que el Evangelio llegue hasta los confines de la tierra.”  

 

Estas palabras las ha escrito Benedicto XVI en el Mensaje para la Jornada Misionera Mundial de este año 2012 y muestra, a la perfección, qué supone el cumplimiento de la misión que la Iglesia católica tiene encomendada y, también, cada uno de los fieles que, como piedras vivas, la constituyen.

 

Para este año 2012 el lema escogido es “Misioneros de la fe” y en el cartel elaborado al respecto puede verse el mismo dentro de la cruz y al pie de la misma unas manos que tienen dibujado la totalidad de los continentes y muestran, así, el mundo.

 

En realidad, cada domingo del mes de octubre en el que se nos recuerda que hay una misión que cumplir, se actualiza aquella que Jesús encomendara llevar a cabo después de su resurrección: llevar la Palabra de Dios al mundo y hacer lo posible para que quien no la conozca llegue a tenerla como propia y quien la conozca no la olvide. Y así se hace desde 1926.

 

En efecto, en aquel año el Papa Pío XI estableció, para el penúltimo domingo del mes 10 del año, la celebración en toda la Iglesia católica del Domingo Mundial de las Misiones y que se hiciera a favor de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe (PF). Más adelante, y ya en España, fue en 1943 se conoce tal fecha como Domingo Mundial o, lo que es lo mismo, el DOMUND.

 

¿Quién es, en realidad, misionero?

 

A quien no esté avisado del sentido que tiene la fe para quien dice tenerle, puede parecerle que misionero es aquella persona que tiene una dedicación especial a la misión y anda por los mundos de Dios, con mandado religioso concreto, cumpliendo la misión de ser, en efecto, misionero.

 

Y, ciertamente, tal pensamiento no se aleja de la realidad porque, efectivamente, conocemos a tal tipo de personas como misioneras y lo que hacen, como cumplir la misión.

 

Sin embargo, como es lógico, la cosa va más allá de este primer pensamiento acerca de la misión y del misionero. En realidad, a todo creyente católico le corresponde la misión de ser misionero y no podemos considerar que lo sean, tan sólo, las personas que con hábito (o sin él) hacen lo que deben en el ámbito de la Esposa de Cristo. Y más allá porque “Aunque la tarea de propagar la fe incumbe a todo discípulo de Cristo según su condición, Cristo Señor llama siempre de entre sus discípulos a los que quiere para que estén con él y para enviarlos a predicar a las gentes” (Ad Gentes 23).

 

Por lo tanto, Dios llama, en efecto, a quien quiere para propagar la fe pero corresponde “a todo discípulo de Cristo” hacer lo que le corresponda hacer en tal sentido.

 

Oremos, pues, como fieles que somos, por aquellos que hacen de la misión una causa y razón de existencia:

 

“Por el Papa y la Iglesia universal, para que manifiesten con su misión el valor de la vida de Cristo, entregada “por todos”, y fomenten la misión ad gentes.

 

Por los obispos, sacerdotes y todos los agentes de pastoral, para que cuiden de la fe del pueblo de Dios y siembren en él la preocupación por la evangelización.

 

Por la Asamblea del Sínodo de los Obispos, para que la nueva evangelización dé frutos de renovación eclesial y aumente el impulso misionero.

 

Por los misioneros y misioneras en todo el mundo, que con su vida y palabra manifiestan la caridad de Cristo por todos los hombres y pueblos, para que se mantengan firmes en la fe.

 

Por los que sufren en su cuerpo o en su espíritu, para que la fe en Cristo les lleve a ofrecer sus sufrimientos por la salvación del mundo

 

Por todos nosotros, para que la escucha de la palabra de Dios y la celebración de la eucaristía nos hagan verdaderos “misioneros de la fe”.

 

Y que Dios, como hace siempre, atienda nuestras oraciones según sea su voluntad.