La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Las consecuencias de incumplir la ley

La sentencia del Tribunal Constitucional que anula las sanciones impuestas por la Generalitat a los comercios que no atendían en catalán a sus clientes, se añade a muchas otras que han sido sistemáticamente incumplidas. La Generalitat ha despreciado al alto tribunal pero su actitud de desacato no ha tenido consecuencias jurídicas a lo largo del tiempo. Se ha dado así la impresión de que el Estado o bien no dispone de instrumentos adecuados para hacer cumplir las leyes o bien permite que sean burladas por razones políticas. Esta situación de debilidad explica también la forma en que se produce el reto al Estado de Derecho y a la Constitución planteado ahora por Artur Mas.
No se puede mantener por más tiempo una situación en la que se da carta de naturaleza a la vulneración de la ley por temor a afrontar el coste político de defenderla eficazmente. Lo que ha ocurrido en estos últimos años es lamentable y tiene graves consecuencias, entre otras la quiebra de ese valor moral indispensable para la convivencia que es el respeto a la ley. De la firmeza que demuestre ahora el Estado para mantener este principio en una situación límite, va a depender no solo el futuro de España como nación, sino el sentido mismo que los ciudadanos den a la democracia y a la libertad. Hacer cumplir la ley no significa obcecación ni rigidez, es más bien un límite a la arbitrariedad y el abuso de poder, la garantía de la libertad y la convivencia entre todos.