La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Jesús Higueras, Auditor en el Sínodo: “Es una gracia de Dios muy grande participar en el corazón de la Iglesia en un acontecimiento tan bello y tan importante”

Jesús Higueras, sacerdote diocesano de Madrid, párroco de Santa María de Caná, ha sido elegido Auditor del Sínodo de Obispos que se está celebrando en Roma durante este mes de octubre, y en el que se está debatiendo en torno a la Nueva Evangelización. Con este motivo, nos cuenta cuál es su misión.  

-El Santo Padre, Benedicto XVI, le ha nombrado Auditor del Sínodo de los Obispos. ¿Cómo recibió esta noticia?
Recibí la noticia con mucha sorpresa a la vez que con una inmensa gratitud, pues es una gracia de Dios muy grande participar en el corazón de la Iglesia en un acontecimiento tan bello y tan importante. Las gracias de Dios son para compartirlas y que todos puedan disfrutar de ellas.

– ¿Qué supone para Usted este nombramiento?
El nombramiento supone que para reflexionar sobre la nueva evangelización también cuentan con un párroco, ya que la parroquia sigue siendo el espacio privilegiado para hacer el anuncio de Jesucristo vivo y resucitado. Puede parecer que la parroquia ha perdido “empuje” frente a nuevas realidades eclesiales, pero no es así, ya que cotidianamente experimentamos en nuestras comunidades parroquiales la gracia de la conversión de muchas personas a la vez que somos como dijo el Beato Juan Pablo II “la Iglesia de Dios en medio de las casas de sus hijos y de sus hijas”.

-¿En qué consiste el trabajo de un Auditor? ¿Cuál es en realidad su misión?
El trabajo del auditor, como bien dice su nombre, consiste en escuchar las intervenciones que los obispos y padres sinodales hacen sobre esta materia, a la vez que se nos permite también intervenir con una breve exposición y trabajar en los círculos menores, donde podemos también hacer aportaciones que ayuden al Santo Padre a elaborar un documento post sinodal sobre la nueva evangelización

– El Sínodo de los Obispos coincide con la apertura del Año de la Fe al que Benedicto XVI nos ha convocado. ¿Qué va a suponer este Año de la Fe para la Iglesia en general, y para la Iglesia en España?
Todos esperamos que este Año suponga una gracia especial para todos los hombres de buena voluntad. Por un lado para los creyentes es la ocasión de reavivar nuestra fe, que es el don más precioso que hemos recibido. Para los no creyentes la oportunidad de escuchar un testimonio nuevo y alegre: Cristo está vivo y puede cambiar tu vida

– El Cardenal Arzobispo de Madrid ha lanzado la Misión Madrid como una manera concreta y específica de vivir este Año de la Fe, invitando a todos sus diocesanos a la conversión y al testimonio para lograr una Nueva Evangelización. Como párroco de una parroquia con una abundante actividad litúrgica y pastoral, ¿cómo ve esta Misión Madrid? ¿Qué va a suponer para la Archidiócesis? ¿Cómo debemos vivirla los diocesanos de Madrid?
La misión Madrid es precisamente una expresión de lo que llamamos nueva evangelización, pues todos somos llamados a anunciar nuestra fe con alegría y firmeza. Ya ha pasado el tiempo de avergonzarnos de ser creyentes, de hacer una pastoral de mantenimiento. Hay que salir a la calle, hablar con los amigos, en los lugares de trabajo o de ocio. En definitiva sólo es creyente aquel que experimenta la necesidad de contar a los demás la alegría de haber encontrado a Cristo. El gran protagonista de la Misión Madrid es el Espíritu Santo, a quien podemos encomendar todo nuestro afán apostólico. Todos deseamos que al final de la misión nuestra Archidiócesis crezca en el conocimiento y el amor a Cristo.

– Usted ha asistido en Roma a la Misa en la que el Santo Padre, el pasado domingo, 7 de octubre, proclamó a San Juan de Ávila Doctor de la Iglesia Católica universal. ¿Qué supone este Doctorado de su santo patrono para los sacerdotes españoles? ¿Cómo desearía que se acogiera, y que se viviera?
San Juan de Ávila es un sacerdote diocesano que en un momento de crisis y desconcierto en el seno de la Iglesia universal supo transmitir con frescura y convencimiento la verdad sobre el amor de Dios. Maestro y amigo de santos, tuvo un especial amor por el sacerdocio y la Eucaristía, amor que ha quedado grabado en generaciones de sacerdotes españoles a lo largo de estos siglos. Que haya sido nombrado doctor de la Iglesia supone que ésta asume sus enseñanzas e invita a los fieles de todo el mundo a profundizar en ellas.