La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Responsabilidad para educar

Dentro de la campaña del nacionalismo catalán para sensibilizar a la población en favor de la independencia, figura un “spot” de televisión en el que se pregunta a unos escolares por qué quieren la separación de España. Una de las niñas encuestadas contesta con los mismos argumentos que repiten los políticos nacionalistas: que si los impuestos pagados por los catalanes no se los llevaran los españoles, no habría crisis económica en Cataluña. Que esto se diga en un mitin puede mover a risa, pero que se enseñe en la escuela  resulta muy grave. Es grave enseñar la historia o la geografía como si Cataluña hubiera existido al margen o sometida a España, pero también lo es educar contra el principio de solidaridad que debe ser fundamental en la formación, sobre todo en tiempos de crisis.

No sería difícil una formación equilibrada, respetuosa de la historia y de la realidad presente, no vinculada a posiciones partidistas de uno u otro signo.  Estos hechos ponen de manifiesto la oportunidad de la intención del Gobierno de alcanzar un sano equilibrio en la formación de los alumnos catalanes. Se trata de que los escolares puedan estudiar libremente en castellano pero también ofrecer unos contenidos de historia, geografía y cultura acordes con la empresa compartida durante siglos. Una cosa es la licitud de cualquier forma de Estado que los países puedan otorgarse a sí mismos en un marco de libertad y por medios democráticos, y otra muy distinta adoctrinar con ideas contrarias a la verdad y la propia realidad histórica.