La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
Otro efecto de la crisis económica

La fecundidad europea deja de subir

La agencia católica Aceprensa dedica la atención en la baja fecundidad europea. Por su interés recogemos el texto.

Tenemos tan asumido que en Europa baja la fecundidad, que quizá no nos habíamos dado cuenta de que en realidad estaba subiendo desde 1998. Pero después de 2008 se ha reanudado el descenso, y además se ha sumado a él Estados Unidos, que era la gran excepción a la débil natalidad en Occidente. La causa aparente de este cambio de tendencia es la crisis económica, y es notable que el efecto haya sido tan rápido.

De 1998 a 2008, Europa registró una subida general de la fecundidad, que en los países nórdicos había empezado antes (ver gráfico). Era la primera vez que ocurría tal cosa desde los años sesenta. El aumento fue mayor en los países que habían bajado primero. El máximo se dio en Dinamarca, que había tocado suelo en 1983, con 1,37 hijos por mujer, y en 2008 llegó a 1,89.

Más significativo es que otros catorce países recuperaron 0,3 hijos por mujer o más desde sus respectivos mínimos, que en la mayor parte de los casos se observaron en los años noventa. En este grupo figuran cinco occidentales, otros dos nórdicos y siete de la antigua Europa comunista. Por ejemplo, España pasó de su mínimo de 1,15 hijos por mujer en 1998 a 1,46 diez años después.

En términos absolutos, el remonte hasta 2008 es modesto, menos de 0,5 en casi todos los casos. Pero en términos relativos está en torno al 20%, y supone cubrir una buena parte de lo que separaba a cada país del umbral de reemplazo (2,1 hijos por mujer). De hecho, en 2008 dos países europeos, Islandia e Irlanda, habían vuelto a alcanzar el umbral, y otros cuatro (Francia, Noruega, Suecia y Gran Bretaña) estaban por encima de 1,9. Y el número de países con tasa muy baja, menos de 1,3, pasó de 16 en 2002 a solo uno (Letonia) en 2008.

Hijos pospuestos

El panorama recién descrito ha sido estudiado por los demógrafos John Bongaarts (Population Council) y Tomáš Sobotka (Instituto de Demografía de Viena) en un trabajo (1) que propone una explicación. Los autores analizan solo los factores demográficos, sin entrar en los sociales (políticas familiares, situación económica…). Su hipótesis es que la subida de la fecundidad se debe en su mayor parte a que se moderó el retraso de la maternidad.

La edad media de las mujeres que dan a luz por primera vez aumenta en Europa desde hace unos cuarenta años. En 1970 la media continental estaba en torno a los 23 años, y ahora es de unos 28. Aunque el aplazamiento no ha cesado, desde 2000 es notablemente más lento: las mujeres más jóvenes ya no posponían tanto los hijos, mientras otras mujeres empezaron a tener los hijos que habían dejado para más adelante.

El repunte de fecundidad que así se produce será más o menos sólido, según lo que ocurra después del primer parto. Bongaarts y Sobotka examinan con detalle cuatro países (España, Holanda, República Checa y Suecia) y encuentran que la subida se debe sobre todo a las madres primerizas, como cabía esperar, pero no en el mismo grado. En la República Checa y en Suecia, las madres por segunda vez aún hacen una contribución detectable; en Holanda, no aportan casi nada, y en España bajan la media. España presenta además el índice más bajo de nacimientos de terceros y cuartos hijos, en este último caso empatada con la República Checa.

La crisis hace mella

Muy sólida no parece ser la recuperación, puesto que se ha interrumpido últimamente. De 15 países europeos que han hecho estimaciones de fecundidad para 2011, 11 registran descensos con respecto a 2008. Noruega baja de 1,95 a 1,88; España, de 1,46 a 1,38, y Dinamarca, de 1,88 a 1,76. Una gran novedad es que el fenómeno ha alcanzado a Estados Unidos, que antes superaba a toda Europa. La tasa norteamericana, que llegó a 2,12 en 2007, está ahora en 1,9, por debajo de Francia (2,01) y Gran Bretaña (1,98), que han subido un poco desde 2008.

Se supone que la crisis económica es lo que más ha influido en el descenso. Por una parte, varios países han perdido población inmigrante, que tenía una fecundidad más alta y venía aportando una parte importante del crecimiento vegetativo europeo. Por ejemplo, después de dos décadas con fuerte inmigración, en 2011 España registró un saldo migratorio negativo de –50.000 personas (el 40%, debido a la salida neta de españoles).

Así pues, donde la natalidad depende en buena medida de los inmigrantes, es muy sensible a la situación económica. Los años de prosperidad antes de 2008 quizá nos hicieron olvidar que la gente no emigra, en general, para toda la vida. En Gran Bretaña, que sigue teniendo saldo migratorio positivo (pero en 2011 un 14% menos que en 2010), más de dos tercios de los extranjeros que abandonaron el país en 2010 habían permanecido menos de cinco años, según un estudio de la Universidad de Oxford. No todos serían estudiantes.

También resulta más sensible la fecundidad a las vicisitudes de la economía si depende mucho de la edad media de las madres, como en efecto ocurre. Y la crisis actual está anulando la principal causa del último repunte, señalada por Bongaarts y Sobotka. Como el paro y la incertidumbre económica dificultan el establecimiento de nuevas familias, el retraso de la maternidad se ha acelerado. En España, la edad media de las mujeres al dar a luz subió muy poco, de 30,79 a 30,83 años, entre 2002 y 2008, y después ha llegado a 31,32.

La contrapartida es que la fecundidad también responde a las políticas familiares. Medidas que faciliten la atención a los niños pueden frenar en mayor o menor medida el aplazamiento de la maternidad. La familia no debe perder prioridad cuando hay que repartir recursos más escasos para los gastos sociales. La natalidad importa a largo plazo. Cuando haya terminado la crisis, aún seguirá estando sin resolver el problema de las futuras pensiones.