La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

“Campanas de Europa”: entrevista inédita al Papa

De la película, destaca sobre todo la amplia e inédita entrevista al Papa.
En primer lugar se le pregunta al Pontífice sobre “las razones de su esperanza” respecto al mensaje evangélico que se desprende de sus Encíclicas.

La primera razón de mi esperanza es que el deseo de Dios, la búsqueda de Dios está profundamente escrito en cada alma humana y no puede desaparecer. Por supuesto, durante algún tiempo, puede olvidarse a Dios, apartarlo, pero Dios nunca desaparece. Es muy cierto lo que dice San Agustín, que nosotros, los hombres estamos inquietos hasta que encontramos a Dios. Esta preocupación también existe en la actualidad. Y la esperanza es que el hombre de nuevo hoy, se ponga en camino hacia Dios.

La segunda razón de mi esperanza es que el Evangelio de Jesucristo, la fe en Cristo es simplemente verdad. Y la verdad no envejece. También se puede olvidar por un tiempo, pero la verdad como tal no desaparece. Las ideologías tienen un tiempo limitado, en cambio, el Evangelio es verdadero, y por lo tanto nunca se desgasta. Y por esta razón, estoy convencido de que también hay una nueva primavera del cristianismo.

Una tercera razón empírica la observamos en la preocupación e inquietud que tiene la juventud actual. Los jóvenes han visto muchas cosas: ideologías, consumismo, pero de todo ello perciben sólo el vacío, su fracaso. El hombre ha sido creado para el infinito. Por eso todo lo finito es demasiado poco. Y así vemos cómo, en las generaciones más jóvenes, esta ansiedad se despierta de nuevo en ellos y se ponen en camino. El cristianismo no tiene un bajo costo, un precio reducido, sino que es radical y profundo. Por lo tanto, me parece que la antropología, como tal, nos muestra que siempre habrá “nuevos despertares del cristianismo” y los hechos lo confirman con una palabra: cimentación profunda. Es el cristianismo. La verdad siempre tiene un futuro.

Santidad, usted ha declarado en repetidas ocasiones que Europa ha tenido y sigue teniendo una influencia cultural sobre todo el género humano y no puede dejar de sentirse particularmente responsable, no sólo de su futuro, sino también el de toda la humanidad . ¿De cara al futuro, es posible delinear los contornos del testimonio visible de los católicos y cristianos de las Iglesias ortodoxas y protestantes de Europa, no sólo custodiando la conservación del patrimonio cultural y espiritual que los distingue, sino también el compromiso de buscar nuevas formas para enfrentar los grandes desafíos que marcan nuestra época?

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Esta es una gran cuestión. Está claro que Europa también tiene un peso importante en el mundo de hoy, ya sea económico, cultural e intelectual. Y, en este peso, tiene una gran responsabilidad. Sin embargo, Europa debe encontrar todavía su plena identidad para poder hablar y actuar de acuerdo con sus responsabilidades. El problema hoy en día ya no son las diferencias nacionales, que representan un tesoro de la diversidad humana y dan luz a una gran sinfonía de culturas. Son básicamente una cultura común. El problema de Europa en busca de su identidad consiste en el hecho de que Europa hoy tiene dos almas.

Un alma, es la razón abstracta, anti-histórica, que intenta dominarlo todo porque se siente por encima de todas las culturas. Es una razón que tiene la intención de emanciparse de todas las tradiciones y los valores culturales en favor de una racionalidad abstracta. La primera sentencia de Estrasburgo sobre el crucifijo es un ejemplo de esta razón abstracta que quiere liberarse de todas las tradiciones, de la historia misma. Pero así no se puede vivir.

La otra alma, es la que llamamos cristiana, que está abierta a todo lo que es razonable, que ella misma ha creado la audacia de la razón y de la libertad de una razón crítica, pero que sigue anclada a las raíces que dieron origen a esta Europa, que construyeron en los grandes valores, en las grandes intuiciones, en la visión de la fe cristiana. Especialmente en el diálogo ecuménico entre Iglesia católica, ortodoxa, protestante, esta alma debe encontrar una expresión común y luego debe reunirse con esta razón abstracta, es decir, aceptar y conservar la libertad crítica de la razón respecto a todo lo que puede hacer e hizo, pero practicarla, concretizarla en el fundamento, en cohesión con los grandes valores que nos dio el cristianismo.
Sólo de esta síntesis Europa puede tener su peso en el diálogo intercultural de la humanidad de hoy y de mañana, porque una razón que se ha liberado de todas las culturas, no puede entrar en un diálogo intercultural. Sólo una razón que tiene una identidad histórica y moral puede encontrar una unidad fundamental de los valores. Valores que pueden abrir los caminos hacia el futuro, a un humanismo nuevo, el cual debe ser nuestro objetivo. Y para nosotros este humanismo crece de la gran idea del hombre a imagen y semejanza de Dios.