La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Un año para la puesta al dia de la fe

Roma asiste estas semanas a la mayor intensidad de actividad del pontificado de Benedicto XVI. El Papa ha inaugurado el Año de la Fe, mientras la mayor representación de obispos del mundo reunida nunca en un Sínodo debate sobre un asunto vital para la Iglesia: la nueva evangelización. Esta nueva evangelización es la respuesta al reto que el Papa ha definido como «desertificación espiritual». Pero Benedicto XVI advierte de que la solución no llegará por medio de complejos planes pastorales. El asunto es mucho más simple y exigente: fortalecer la propia fe, para dar un testimonio de vida convincente ante el mundo. De ahí que el Papa proponga las enseñanzas del Concilio Vaticano II como guía para este Año de la Fe. Tampoco el Concilio se planteaba discutir cuestiones doctrinales.

El gran reto, como hoy, era presentar la fe de manera apropiada a los nuevos tiempos. En eso eso consistía el famoso “aggiornamento” o puesta al día, de Juan XXIII, según ha explicado Benedicto XVI: «El cristianismo es siempre nuevo», dice el Papa, porque el Dios eterno ha entrado en la historia, y la Iglesia, cada cristiano, se relaciona de tú a tú con Jesucristo. Ésa es la respuesta tanto a quienes pretenden romper con la Tradición, como a quienes la sacralizan en sus formas puramente externas. Se trata, en ambos casos, de reduccionismos ideológicos, que omiten el gran mensaje que quiso anunciar el Concilio: que Dios es la respuesta a las preguntas y anhelos del hombre en cualquier tiempo. También hoy, dice el Papa, «es necesario volver a Dios, para que el hombre vuelva a ser hombre».