La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

«Oremos para que el Señor nos ilumine»

El pasado viernes día 12 el Santo Padre ofreció un almuerzo a los padres sinodales y demás participantes en la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, así como a los padres conciliares precedentemente recibidos en audiencia. Además, participaron el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I y su Gracia Rowan Douglas Williams, arzobispo de Canterbury y Primado de toda Inglaterra y de la Comunión Anglicana, según recoge Zenit.

Al finalizar la comida, el Papa dirigió a los asistentes unas palabras en las que señaló que «es una bella tradición creada por el Beato Papa Juan Pablo II coronar el Sínodo con una comida común». Reconoció que «es una gran alegría tener a mi derecha a Su Santidad el Patriarca Bartolomé, Patriarca Ecuménico de Constantinopla y al otro lado al Arzobispo Rowan Williams, de la Comunión Anglicana. Para mí, esta comunión es un signo de que estamos en el camino hacia la unidad y que en el corazón vamos hacia adelante».

En este sentido, subrayó que «el Señor nos ayudará a avanzar también exteriormente. Esta alegría, creo, nos da fuerza también en el mandato de la evangelización. Synodos significa «camino común», «estar en un camino común», y así la palabra synodos me recuerda el famoso camino del Señor con los dos discípulos de Emaús, que son un poco una imagen del mundo agnóstico de hoy. Jesús, su esperanza, había muerto; el mundo, vacío; parecía que realmente Dios no estaba o no se interesaba por nosotros».

«Con esta desesperación en el corazón y, sin embargo, con una pequeña llama de fe, siguen adelante. El Señor camina misteriosamente con ellos y les ayuda a entender mejor el misterio de Dios, su presencia en la historia, su caminar silenciosamente con nosotros. Al final, en la cena, cuando ya las palabras del Señor y su escucha habían encendido el corazón e iluminado la mente, lo reconocen en la cena y por fin el corazón empieza a ver», dijo. Y es que «también en el Sínodo estamos juntos con nuestros contemporáneos en el camino. Oremos al Señor para que nos ilumine, para que encienda nuestro corazón a fin de que vea, para que ilumine nuestra mente; y oremos para que en la cena, en la comunión eucarística, estemos realmente abiertos para poder verlo y así encender también el mundo y dar su luz a este mundo nuestro».