Para que el mal prolifere basta con que los buenos no hagan nada (Edmund Burke)

El bien de la unidad

Pedro Herráiz. Filósofo.- La solidaridad ante la crisis es el tema del comunicado ofrecido por la Conferencia Episcopal Española con motivo de la última reunión de su comisión permanente. Insiste en que su mensaje no es de ahora mismo, sino que ya en ocasiones anteriores ha tenido que llamar la atención sobre el  asunto, cuando la política era un ejercicio retórico para no nombrar la crisis y disimularla desde los ayuntamientos con aquel plan E-ñe que se ha revelado uno más de los incontables sumideros inútiles y, solo por eso, dañinos.  

La solidaridad ante la crisis la venimos practicando en el ámbito doméstico desde siempre. Es seña de identidad de la familia, la de siempre, la natural, vuelva de donde vuelva el pródigo, o por necesidad sin más. Buen momento para recordar que la palabra “economía”, tan manoseada, lleva su referencia a la “casa” y a la norma de vivir en la casa, a la ética. Mientras no reconduzcamos la situación a esto, traigamos la economía a casa, no superamos la crisis.

Por eso es tan necesario ver la ligazón con la solidaridad. Cuando vienen mal dadas volvemos al refugio donde somos acogidos, en solidaridad, nos re-unimos, porque en lo más hondo sabemos que solo juntos podemos seguir y salir adelante desde lo peor. Pero también es tiempo de ganancia de pescadores a rio revuelto. Cuando estamos en lo más angustioso resulta tentador estar oyendo machaconamente a los gurús de la opinión política con su discurso del “sálvese quien pueda”, separando a la familia y conjurando el espejismo de que los otros nos roban y por eso está justificado que tratemos de salir a flote a costa de ellos, de la familia.

Es completamente coherente que el comunicado de los obispos termine con una reflexión sobre la unidad como bien social y político para hacer frente a la crisis, como expresión de solidaridad. Alguien ha dicho últimamente que nuestra unidad política se fraguó hace quinientos años a base de concesiones, y que deberemos tenerlo en cuenta ahora que se pone en cuestión. Concesiones siempre las hay. En las familias todos nos concedemos unos a otros; desde la confianza de que somos de la misma familia. Esta es la clave: mantener la confianza y no abusar, no convertir las concesiones en chantaje y en amenaza. Para que confíen en uno, uno tiene que mostrarse digno de confianza. Es lo bueno.