La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Los argumentos del juez Pedraz

Un problema tradicional de un cierto grupo de jueces en España es el de su excesivo protagonismo público al margen del derivado de la ejemplaridad de sus actuaciones judiciales. Un protagonismo al que los magistrados de la Audiencia Nacional están especialmente destinados por el objeto de las causas que deben juzgar en ese tribunal especial. El juez, por su naturaleza, es un hombre de Estado que asume la responsabilidad de hacer que se cumpla la ley, sin que haya lugar en su desempeño para exposiciones gratuitas de opiniones personales.

El caso del archivo de la causa contra los promotores de la manifestación del 25-S se ha convertido en el «caso del juez Pedraz». Lo que tendría que haber sido una contribución jurídica a la normalización de las relaciones sociales y al equilibrio entre el ejercicio de los derechos fundamentales se ha convertido en un dato más de la ceremonia de la confusión en la que está inmersa la sociedad española. Para justificar el archivo de la causa, Pedraz no utiliza las disposiciones de la ley sino el argumento de una supuesta “decadencia de la clase política”, que según su opinión justificaría las pretensiones de los manifestantes. Se trata de un juicio de valor que podría debatirse en otros foros, pero que no tiene sentido en un auto judicial. También sorprende la crítica gratuita a la policía “por exagerar”, que cuando menos resulta frívola y también fuera de lugar. Quizás este juez se haya congraciado con quienes agitan la calle, pero autos como el suyo ahondan la desconfianza social en nuestro sistema de Justicia