La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La Iglesia y la crisis

A menudo se transmite una imagen distorsionada de la Iglesia, como si se tratara de una organización que se ocupa de cuestiones espirituales relacionadas con el más allá, pero que ocasionalmente se pronuncia sobre temas sociales de especial relevancia. Unos aplauden sus  pronunciamientos y otros los critican, pero la idea de fondo es siempre que lo humano y lo religioso son ámbitos radicalmente distintos. La Declaración sobre la crisis presentada ayer por la Conferencia Episcopal contradice de raíz esos planteamientos.
A la Iglesia no le es ajeno a nada de lo humano, pero tampoco es simplemente una organización social. No sólo porque la fe en Jesucristo sostiene toda la acción social de los miles de voluntarios que trabajan en las parroquias, de las Cáritas diocesanas, de las congregaciones o de las numerosas hermandades y asociaciones de fieles. Los obispos subrayan que el anuncio de Jesucristo es la respuesta realmente eficaz a todos los problemas humanos. La fe es caridad y ayuda al prójimo, recuerda el documento. Y es también esperanza y responsabilidad personal, frente a la tentación de culpar sólo a los otros. El Papa lanzó ayer un mensaje muy similar desde el Santuario de Loreto, donde encomendó a la Virgen los frutos del Año de la fe y del Sínodo sobre la nueva evangelización. Es necesario volver a pone a Dios en el centro, dijo, «para que el hombre vuelva a ser hombre», y prevalezcan la solidaridad y el amor frente al egoísmo. Para que el mundo, en definitiva, sea un lugar más habitable.