La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

CONVERSACIONES. Capítulo XIX: «La figura viril de la vida humana»

 ABSTRACT

Chapter XIX: “The manly figure of the human life” (“La figura viril de la vida humana”).

Marías begins this chapter by doing an etiological research of both the word “man”, referring either to person in general or to the male condition, as well as to the word “woman”. This double meaning of word “man” can have an unfair interpretation if consider man firstly, and female in second place only. Another reading consider that the female condition is particular and exceptional while manly would be the common and normal condition. Marías asserts that interpretations regarding primacy of sexuality over the sexed condition may be an obstacle for personal relations. Marías remarks the historical evolution of the meaning of words “male” and “female”. In history there has always been a manly interpretation that has displaced women, although this trend is now changing.

Next week, we will study chapter XX: “The figure of woman”.

 

A continuación nos adentramos en la primera parte del Capítulo XIX: La figura viril de la vida humana de Julián Marías Antropología metafísica.

En este capítulo, nuestro autor se pregunta por las dos formas radicales en que acontece la vida humana. Analiza al varón como la figura viril de la vida humana, y para ello realiza una búsqueda etiológica tanto de la palabra hombre, que se puede referir bien a la persona en general, bien a la persona masculina, como de la palabra mujer. Esta doble versión de la palabra hombre puede tener una interpretación abusiva al considerar primeramente al varón y en un segundo lugar a la mujer; pero también puede tener otra lectura al considerar la condición femenina como la peculiar y especial, mientras la masculina sería la común o normal. A este respecto afirma que “Esa identificación del hombre con el varón, evidentemente abusiva, puede tener diferentes matices, y sería interesante perseguir, en las distintas lenguas, su evolución sistemática. Puede ser una manifestación de la creencia social básica de que el hombre es primariamente el varón y la mujer es, a lo sumo, una «variante» apendicular y secundaria”1. Julián Marías afirma que cuando se piensa en el hombre y la mujer se relaciona con la capacidad sexual de ambos, pero esta “primacía de lo sexual sobre los sexuado, tan difundida ahora por interpretaciones que ejercen violencia sobre la realidad, se convierte en un estorbo para las relaciones personales y es una de las causas de su menor frecuencia y su pérdida de intensidad”2. Destaca nuestro filósofo cómo ha ido evolucionando a lo largo de la historia el significado de las palabras varón y mujer, pero es el carácter de reciprocidad entre ambos lo que le da estabilidad. Y es que “varón y mujer se proyectan hacia figuras en que la persona se realiza en dos formas divergentes y convergentes a la vez: al cumplirse acentúan su diversidad, refuerzan su propia instalación; pero esta, a su vez, consiste en su mutua referencia intrínseca”3.

A continuación destaca cómo el varón queda definido a través de lo opuesto, respecto a los atributos que definen la mujer. Así el hombre queda definido por los atributos de seguridad, saber, decisión y recursos, y que se oponen a los que corresponden a la mujer: inseguridad, menesterosidad, ignorancia, indefinición, desvalimiento. “Cada sexo funciona a la vez como indispensable punto de referencia biográfica y posibilidad de realización del otro, lo que quiere decir que necesariamente hay entre ellos un equilibrio dinámico”4.

En la historia siempre ha habido una interpretación varonil que ha desplazado a la mujer, aunque actualmente esta tendencia se está modificando. Al varón le pertenece, como virtud propia, el valor o fortaleza, le es propio como pretensión, aunque no la tenga, y sin que esta haga que necesite de la mujer como “menor” o inferior, aunque es cierto que debe existir un desnivel que no debe ser pronunciado ya que deterioraría la convivencia, pero no se puede dar la igualdad plena entre varón y mujer porque destruiría el equilibrio dinámico de la polaridad. ”Hablar de igualdad entre hombres y mujeres es una de las más peligrosas estupideces en que puede caerse. Lo que puede y debe haber es equilibrio entre ellos, un equilibrio dinámico hecho de desigualdad y tensión, que mantiene al hombre y a la mujer a la par, precisamente para que sea posible la fuerza y plenitud de su encuentro, su enfrentamiento, su polaridad activa”5.

Este desnivel nunca debe perjudicar a la mujer, sino todo lo contrario, permite el equilibrio entre ellos, “un equilibrio dinámico hecho de desigualdad y tensión, que mantiene al hombre y a la mujer a la par”6, dándose este equilibrio por medio del entusiasmo del varón hacia ella, cuya forma social se denomina la galantería.

 

La próxima semana continuaremos con la exposición de la segunda parte del Capítulo XIX: La figura viril de la vida humana.

 

1 MARÍAS, J, Antropología metafísica, Alianza Editorial, Madrid, 1995, pág. 135

 

2 MARÍAS, J, Mapa del mundo personal, Alianza Editorial, Madrid, 1994, pág. 29

 

3 MARÍAS, J, Persona, Alianza Editorial, Madrid, 1996, pág. 146

 

4 RALEY, H., Julián Marías: una filosofía desde dentro, Alianza Universidad, Madrid, 1997, Pág. 159

 

5 MARÍAS, J., Antropología metafísica, Alianza Editorial, Madrid, 1995, pág. 139-140

 

6 MARÍAS, J., Antropología metafísica, Alianza Editorial, Madrid, 1995, pág. 140