La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Carta del Cardenal Rouco al padre del pequeño Alonso Ezquerra

 

El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, ha enviado una carta al Párroco de San Fulgencio y San Bernardo (Paseo de San Illán, 9), para que fuese leída en el funeral por el niño de 8 años fallecido el pasado martes día 25. El pequeño Alonso, de siete años, fue atropellado por un vehículo cuando cuando se disponía a recoger un balón que se había salido fuera del colegio, con el que un grupo de niños estaba jugando. A la Eucaristía asistirán familiares del menor fallecido así como compañeros de su curso, 3º de la ESO, y amigos del Colegio en el que estudiaba, San Alberto Magno.  Este es el texto de la carta:

Sr. D. Eduardo Ezquerra Martínez Madrid, 3 de octubre de 2012
Parroquia San Fulgencio y San Bernardo
P San Iilán, 9
28019 Madrid

Querido don Eduardo,

Le escribo estas líneas al conocer, por su Párroco Don Ingancio, la dolorosa noticia de la muerte de su querido hijo Alonso, de 7 años, atropellado a la salida del colegio, el pasado 25 de septiembre, para expresarle mi profunda unión en estos momentos de tan grande dolor para usted por el fallecimiento de su niño Alonso, habiendo también sufrido grandemente por el fallecimiento, igualmente en un accidente, de su querida esposa. Sepa que estoy muy unido, de todo corazón, a usted y a su hijo Hernán, y a toda la querida comunidad parroquial de San Fulgencio y San Bernardo, en el dolor, y también en la esperanza de la vida eterna que nos da Nuestro Señor Jesucristo, que con su muerte en la cruz ha vencido a la muerte y nos ha abierto las puertas de la vida verdadera en el Cielo.  Cardenal Antonio Mª Rouco Varela

Las circunstancias de la muerte de su hijo Alonso están envueltas en el misterio de nuestra vida frágil, que nada de este mundo puede darle consistencia y seguridad. Sin emargo, nada sucede por azar. Quienes hemos recibido el don de la fe cristiana, sabemos que la vida tiene sentido, que todo responde a un designio de amor, porque Dios nuestro creador es Amor infinito. Tanto es así, que nos ha enviado a su Hijo Único para redimirnos del pecado y librarnos de la muerte, su terirble consecuencia, y lo ha hecho precisamente sufriendo la muerte, y muerte en el terrible suplicio de la cruz. No hayamor más grande, ciertamente; y el fruto de este Amor es la Resurrección y la vida eterna. Por eso San Pablo puede decir, y hoy se lo dice de un modo muy especial a usted, querido Don Eduardo, que “Dios hace concurrir todas las cosas -también las que nos hacen sufrir, y éstas más aún si cabe- para el bien de los que le aman”.

El gran error de los hombres es poner la confianza donde no nos la pueden dar. Se entienden muy bien las palabras de Jesús cuando nos dice: “De qué te sirve ganar el mundo entero, si se pierde tu vida”, y nos llenan de confianza al decirnos que Él es “la Resurrección y la Vida”. La muerte de Alonso produce, sin duda, un gran dolor, pero no es un dolor desesperado, sino lleno de la esperanza verdadera, y del gozo profundo que brota de ponernos en las manos de la Divina Misericordia, de ese Amor de Dios que es infinito y nos hace superar el dolor, hasta el más grande que pueda darse en este mundo. Sepa que la Iglesia es su casa, y que en ella tiene lo único verdaderamente necesario para vivir.

Cuente, querido Don Eduardo, con mis oraciones encomendando a su hijo Alonso a ese Amor infinito, y tenga la certeza de que no puede estar en mejores Manos. Rezo también por usted y su hijo Hernán, para que el Señor les llene de su consuelo y de su fortaleza, guiando sus pasos a lo largo de la peregrinación por esta vida terrena, hasta alcanzar la eterna, donde ya no habrá llanto ni dolor y, junto a Jesús y a nuestra Madre María, podrán abrazar de nuevo a Alonso, y a todos los seres queridos, con los ángeles y los santos en el Cielo.

Reciba mi saludo cariñoso, para usted y su hijo Hernán, extensivo también a toda la comunidad parroquial de San Fulgencio y San Bernardo, junto con mi aliento en su vida cristiana, y la seguridad de mis oracinoes, al tiempo que yo también me encomiendo a las suyas.

Con todo mi afecto y mi bendición,

+Antonio Mª Rouco Varela

Cardenal-Arzobispo de Madrid