La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Un clamor… y que no cese

Ernesto Juliá, en «religion confidencial.org»
Las voces anunciando, proclamando, crisis y desorientación en el panorama del mundo occidental, no paran; y quizá tampoco se multiplican porque ya son muy abundantes. No son de hoy estas lamentaciones; ni siquiera de ayer. Desde principios del siglo XX son muchos los intelectuales europeos que la anuncian, y aun antes de ellos, «Los demonios», novela de Dostoiewsky publicada en 1871, no sólo la anuncia, sino que la describe.

Y seguirán los ríos de tintas y de palabras en el esfuerzo, no del todo vano y a la vez tampoco del todo eficaz, de desentrañar las razones del movimiento de la historia de los hombres. Las naciones nacen, pasan y se pierden en el desierto; las monarquías, las repúblicas, los partidos nacen, pasan y se pierden en el desierto.  Y los hombres seguimos caminando sobre la tierra; y nos mantenemos más erguidos, más en pie, los que sabemos que «no tenemos aquí ciudad permanente»; que nuestro caminar sobre la tierra nos hace unir la tierra y el Cielo, porque la Fe renace siempre; y Dios no abandona a los que claman a Él.

Esto es lo que han entendido un grupo numeroso de cristianos,  ciudadanos norteamericanos, que se han unido para promover cuarenta días de oración antes de las elecciones del próximo 6 de noviembre.

«Aunque creemos  y apoyamos la importancia de ejercer el derecho al voto,  también pedimos a los cristianos de América que hagan algo que es más crítico en estos días…Rezar». Y prosigue el comunicado: «La seriedad de nuestros tiempos  requiere una intensidad en la oración sin precedentes. En consecuencia hacemos un llamamiento de 40 días y de 40 noches de imparable intercesión en favor de nuestra nación, en los días inmediatamente precedentes a las elecciones del 6 de noviembre».

¿Por qué ahora, y en estos momentos? Se podría preguntar alguien, quizá tratando de descubrir intereses políticos, partidistas de una o de la otra parte.

El Comité Americano Nacional de Oración, el promotor de esta iniciativa, sale al paso de elucubraciones inútiles y de bajos vuelos.

«Vivimos unos tiempos desesperados mientras el tejido espiritual, moral y económico de nuestra nación se está desintegrando a nuestro alrededor.  Los creyentes necesitan rezar como nunca antes lo habían hecho». Y entre los creyentes, está apelando a todos los americanos que creen en Dios Padre y en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre.

No se necesita mucha agudeza de ingenio para apreciar ese desmoronamiento de los fundamentos de la vida social en todo el mundo occidental. Países que pretenden mirar al futuro, abortando a sus hijos, matando a sus ancianos, destruyendo la familia que garantiza el renacer de la vida cada día, lógicamente dejan de mirar al futuro, y alientan el suicidio de la sociedad, al dar origen a una desconfianza radical entre los ciudadanos.

Y no se trata de animar a votar a un candidato o a otro. «Nuestra intención es situarnos a distancia de cualquier cosa que pueda parecer un apoyo explícito a un candidato o partido concreto». «Lo que estamos pidiendo es que Dios intervenga en favor de nuestra nación».

No me extraña que estas palabras provoquen una sonrisa de desprecio en más de un rostro. «¡Para resolver nuestros asuntos no necesitamos a Dios para nada!, exclamará alguno. Ya somos «mayores». Esto es puro fundamentalismo».

David Butts, presidente de ese Comité habla claro. Detrás de la desintegración del «tejido espiritual, moral y económico» de su país, y del mundo occidental, aprecia muchos errores, pecados, depravaciones, corrupciones,  y quiere pedir perdón a Dios.

«La llamada a la oración desplegada por todo el país no es sólo para que Dios nos ayude a escoger a los líderes de nuestra nación, sino que es un grito de arrepentimiento y de humildad…. ¡Estoy convencido de que el destino de nuestra nación depende de la oración que haga el pueblo de Dios!».

No sé cómo Dios responderá  ahora a estas oraciones. Sí sé, que David Butts y los rezadores levantarán una nueva nación de cualquier ruina que encuentren. Mientras que los «mayores», en las ruinas sólo alcanzarán a cavar sus propias tumbas.

ernesto.julia@gmail.com