La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

García Page, ¿será otro sueño?

Paginasdigital
José Luis Restán
03/10/12

Primero fue Bono, con aquello de refundar el socialismo desde el humanismo cristiano. Sí, lo dijo, aunque parezca mentira. Y después aquel Jáuregui prometedor, que dialogaba con los «cristianos de base» y que incluso llegó a publicar en El País un largo artículo profesando la necesidad de que la izquierda española revisara en profundidad sus relaciones con el hecho religioso y con la propia Iglesia. Y luego Fernández Vara, el presidente extremeño que parecía encarnar una socialdemocracia a la Blair, con laicidad positiva incluida. Y también Barreda, que se atrevía en su Castilla-La Mancha a plantear reparos (pequeñitos, eso sí) a la ley de aborto libre del mesiánico Zapatero. Especialmente doloroso ha sido el caso de Nicolás Redondo Terreros, hombre valiente y leal, políticamente ajusticiado en la feria de las vanidades de un PSOE que en Cataluña y el País Vasco ha rizado el rizo de la banalidad    

Todos y cada uno nos han hecho pensar que existía la posibilidad de otro PSOE, que quizás el socialismo español podía encarrilarse en una vía alemana, no digamos ya italiana o británica. Que era posible un PSOE desmarcado de las inercias republicanas, libre del laicismo patológico, vertebrador de España, alternativa habitual y tranquila al centro derecha. Y todos y cada uno han terminado demostrando que no, que o bien sus contradicciones eran demasiado brutales y terminaban decantándose por la disciplina del aparato o por el diktat del Secretario General, o bien se autocensuraban y eran relegados a la irrelevancia y el silencio. O bien como Redondo Terreros eran simplemente liquidados. En algún caso, verlos blandir la espada del sectarismo zapaterista ha resultado especialmente grotesco y amargo.    

Caso aparte son dos socialistas de enjundia, Francisco Vázquez y Enrique Múgica, cuyo peso personal e histórico les ha conducido a instituciones de prestigio y consenso donde su valía ha quedado de relieve, pero desde las que era imposible influir en la marcha de un partido, del que por otra parte se sentían ya tan lejanos, cultural y moralmente.

Y ahora despunta una nueva estrella. El alcalde toledano Emiliano García Page. ¿Será la enésima ilusión baldía? En una entrevista concedida al diario ABC, García Page se ha atrevido a decir lo que ningún dirigente del PSOE ha dicho, ni siquiera en un murmullo, desde hace más de un año: «los ciudadanos deben saber que con el PP siempre habrá unidad en lo esencial, porque cada vez que España ha dudado de sí misma se ha empobrecido». Me he restregado los ojos, ¡albricias! Un socialista que no dice que los del PP «quieren acabar con todo», que son los culpables del hundimiento económico, de la violencia en la calle y hasta del desafío de Artur Mas. Espero que García Page esté bien seguro, políticamente seguro, quiero decir. Espero que haya prestado la voz a franjas extensas del electorado socialista y del propio PSOE. Lo espero, más bien lo deseo, aunque reconozco mi escepticismo.

Lo esencial en lo que PP y PSOE deberían estar siempre de acuerdo no se refiere sólo a la unidad de España sino también al futuro del sistema de pensiones, a la defensa de las instituciones y el repudio de la violencia en la calle, a la regla europea del déficit, al reconocimiento de las bases culturales y morales de la sociedad española. Lo contrario de lo que hizo Zapatero y de lo que ahora, con más o menos convicción, escenifica Rubalcaba. ¿Será otro sueño? ¿Será García Page una alternativa? De momento espero que se conserve bien, para decir de vez en cuando cosas como las de esta entrevista. Puede que sí, que haya otro PSOE, ¿o no?