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EL CARDENAL ROUCO VARELA EXPLICA EN FATIMA LAS RAZONES DE SU INICIATIVA MISIONERA PARA LOS PROXIMOS DOS AÑOS

La “Misión Madrid” responde a una urgente necesidad de renovar la vida cristiana frente a la apostasía

Con una conferencia pronunciada en el santuario de Fátima y que, en realidad, fue una meditación en voz alta sobre la histórica misión evangelizadora de la Iglesia, el cardenal arzobispo de Madrid, don Antonio María Rouco Varela, dio cuenta ante un amplio auditorio de peregrinos, de las muchas razones que le han movido a emprender esta gran iniciativa apostólica que lleva por nombre “Misión Madrid: servidores y testigos de la Verdad”. Además de dar respuesta a la llamada del Papa a la nueva evangelización, se trata de responder también a la urgente necesidad de una profunda renovación de la vida cristiana de los fieles madrileños frente a la apostasía que se observa en la sociedad. 

Ya advirtió de entrada el cardenal que su charla no iba a ser una conferencia de corte académico sino una invitación directa a vivir a fondo la peregrinación con la que arrancaba la respuesta que, a lo largo de dos años, quería dar la diócesis madrileña a la llamada del Papa Benedicto XVI a la nueva evangelización. Y la razón por la cual  Fátima ha sido elegida para este comienzo era, sencillamente, porque allí se apareció la Virgen a los humildes pastorcillos en unos momentos dramáticos de la Historia que, en algunos aspectos, se asemejan a los que hoy vivimos aunque no estemos en guerra. Entonces, como hoy, la visión de la vida y del mundo estaban muy alejados de Dios y la Iglesia buscaba su propia renovación y comunión para ser testigo de Cristo en un mundo donde reinaba la increencia y el laicismo.

Seguidamente, monseñor Rouco dedicó su atención a explicar, a modo de catequesis, el significado de la palabra “misión”, clave en la vida cristiana y de la Iglesia y que no es otro que el hecho de ser enviados por Dios al mundo, lo mismo que envió a su Hijo Jesucristo para dar a conocer la buena noticia. “Vivir la vida cristiana -añadió- y vivirla como misión es lo mismo, entender la Iglesia como congregación, la gran congregación de los que han sido enviados, todos los que son cristianos, como una misión, es lo mismo. Han dicho con mucha razón, y además se ha dicho con palabras del Magisterio Pontificio que la Iglesia es misión, y se podría decir que la vida cristiana es misión”.

Al llegar aquí, monseñor Rouco habló de Madrid como ciudad que nació a la Historia practicamente como cristiana y que había empezado a tener significación desde el momento en que sus habitantes fueron esencialmente cristianos, al menos durante los últimos 500 años, es decir, desde que se constituyó como capital de una España que estuvo ocho siglos en busca de su unidad también como cristiana. Es el momento en que España se pone decididamente al lado de la renovación católica que tuvo su centro en el Concilio de Trento y donde florecen los grandes teólogos y el misticismo de Santa Teresa, San Juan de la Cruz o San Juan de Avila que estos dias será proclamado Doctor de la Iglesia.

Tras afirmar que, desde entonces, Madrid no ha dejado nunca de ser cristiana, ni siquiera en los años difíciles de la persecución religiosa, se hizo la pregunta de si tenía razón de ser una Misión en el Madrid de nuestros días. Al contestar afirmativamente, subrayó que si la Iglesia no vive a fondo su condición de misionera, algo muy esencial falla en su propia vida. “Hay momentos, continuó en que se hace urgente mostrar esa dimensión dinámica del ser cristiano y hoy es un momento urgente para hacerlo… dada la crisis moral y de fe asentada profundamente en la raíz misma de la sociedad”. Evocó en este sentido unas recientes palabras del Papa en las que advirtió que la crisis de Europa es una crisis de fe… que se da también en Madrid. Por tanto, la respuesta a esa crisis es la misión, la toma de conciencia clara, profunda, generosa y entusiasta de lo que es la misión… es decir, ser testigo de Cristo”.

¿Cual es, en consecuencia, la principal razón de ser de la Misión Madrid?, se preguntó de nuevo el cardenal. Esta razón, agregó monseñor Rouco, es la respuesta a la llamada a evangelizar de nuevo que ha hecho el Papa en su escrito “Porta Fidei”. Seguidamente el orador explicó el significado de la “nueva evangelización”y su antecedente más inmediato, el Concilio Vaticano II cuyo sentido fue el de evangelizar mejor, teniendo en cuenta la situación de la familia humana en aquellos momentos de tantas tensiones internacionales tras la II Guerra Mundial.

Pero hay una razón más: la necesidad de una renovación extraordinaria de la vida misionera. “Nos encontramos -añadió- en un momento en que necesitamos aquí en Madrid, poner un acento especial en la palabra misión». “Europa, enfatizó aludiendo a una afirmación del Papa, ha apostatado de las raíces cristianas y de Cristo… En España se pueden referir datos, experiencias, hechos, aunque no nos persigan por las calles… Y en Madrid no somos una isla, un oasis de fe. La crisis de fe, de vida cristiana, de vida de Iglesia, es muy grande y roza la apostasía, con una gravedad superior quizá a otros países de Europa… No hay pues tiempo que perder en nuestra obligación de ser servidores y testigos de la Palabra…”

Tras recordar que para evangelizar hay que estar antes evangelizados y de aludir a los secretos de Fátima así como a la capacidad intelectual del Papa que también quiso ser peregrino en este lugar de las apariciones como lo fue Juan Pablo II, el cardenal Rouco invitó a los pereginos no solo a vivir los sacramentos sino a rezar mucho el Rosario, “una oración no solo para sencillos sino para sabios, quizá más para sabios que para sencillos”.

Por último afirmó convencido que si el Señor bendice la acción misionera de estos dos años que durrá, podríamos decir “que la santidad ha renacido de nuevo en el alma de los cristianos de la Iglesia de Madrid” yafirmar lo mismo que  Romano Guardini dejó escrito poco después de las apariciones de Fátima: que “un acontecimiento extraordinario ha comenzado: el despertar de la Iglesia en las almas”. Ese es el objetivo final de la Misión Madrid que el cardenal encomendó a la Virgen de La Almudena como patrona de la capital de España.