La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Releyendo a Julián Marías

Francisco Rodríguez Barragán. Licenciado en Geografía, Historia y Derecho.- En estos tristes días de protestas y desencanto he vuelto a repasar la trilogía “La España real”, que  escribió Julián Marías, en aquellos años de la transición, especialmente el que tituló España en nuestras manos, donde aplica su poderoso pensamiento y su insobornable amor a la verdad, a reflexionar y razonar sobre España, los españoles y la Constitución que estaba redactándose. 

Fue don Julián un testigo privilegiado de nuestra historia: había vivido bajo el régimen de Franco y fue designado por el rey como senador de aquellas Cortes primeras. Releo sus atinadas observaciones, escritas desde su sincero amor a España, desde la esperanza y la zozobra, como dice él, en aquella hora abierta a todas las libertades donde los españoles iban a tener a España en sus manos.

Lamento el poco caso que se le hizo entonces.  Hoy, quizás, sea un desconocido para las nuevas generaciones, pero sus reflexiones pueden ser esclarecedoras de nuestro problemático presente.

Cuando el ante-proyecto de la nueva Constitución llegó a sus manos, le sorprendió desagradablemente no descubrir en ella la huella de una reflexión inteligente, de un esfuerzo serio por representarse las condiciones reales de España y del mundo en que España tiene que vivir y mostró su pesimismo.

No le pareció correcto que en el  artículo 2 del ante-proyecto Constitucional se dijera que la Constitución se fundamenta en la unidad de España y la solidaridad entre sus pueblos y reconoce el derecho a autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran. Según esto habría en España dos realidades distintas las nacionalidades y las regiones sin decir cuáles sean unas y otras, pero además el término nacionalidad solo puede predicarse de las personas respecto a una nación.

La introducción de los términos nacionalidades y regiones, que se aceptaron en aras al famoso consenso, ya está dando sus amargos frutos. La “indisoluble unidad de España” puede quedar en una expresión vacía de contenido.

Con respecto a la Monarquía se lamenta de que en el título “De la Corona” cueste trabajo encontrar alguna función efectiva reservada al Rey, pues arbitrar y moderar el funcionamiento de las instituciones ¿cómo lo hace? El texto legal se encarga de que no pueda hacerlo.

Antes del análisis y crítica del ante-proyecto, en un capítulo que Marías tituló “La función social de reinar”, se apunta que el poder moderador del Rey, que suele entenderse como echar “agua al vino”, debe ser lo contrario: impedir que se aguado o enturbiado el vino de la efectiva democracia. El Rey no tiene poder político, pero la corresponde la función de reinar desde la más alta magistratura social. ¿Quién podría resistir la desaprobación de un Rey impecable, fiel a su misión, inaccesible a la lisonja, insobornable? ¿Verdad que es interesante este apunte de Don Julián?

Siempre merece la pena leer a Julián Marías. Se lo recomiendo.