La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

¿Qué aportan las religiones a la sostenibilidad de las sociedades actuales?

Carlos Corral. Analista Político Internacional.- Recientemente en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, del 20 al 22-9-12, se ha celebrado la 39ª Jornada de la “Asociación Interdisciplinar José Acosta” (ASINJA) sobre el tema “Es sostenible el mundo en que vivimos? Un enfoque interdisciplinar”. Por su especial interés, de entre las diversas ponencias, nos fijamos en la última que lleva por título “Condiciones culturales y religiosas para un futuro sostenible”, de Josep Miralles Profesor de ESADE, Universidad Ramón LLul, [de la que ofrecemos una saga de párrafos [entrecomillados]”.  

“El problema planteado tiene una doble faceta —dice Miralles—: en primer lugar, ¿Qué aportan las religiones, en positivo y en negativo, a la sostenibilidad de las sociedades actuales? En segundo lugar, visto desde el otro lado, ¿Son sostenibles las religiones? ¿Pueden perdurar? En el primer caso las religiones son un factor que influye en la sostenibilidad de los restantes sistemas; en el segundo, los diversos sistemas influyen en la sostenibilidad de las religiones“.

Tan complejo y arriesgado es la temática de la sostenibilidad que bien se le podría aplicar el diagnóstico que el primer ministro italiano Aldo Moro hizo (por los años 70) sobre la situación entonces de Italia: “La situazione è gravíssima ma non disperata”.

1.- Que aportación pueden ofrecer las religiones

– “Para que las religiones puedan hacer una aportación significativa a la sostenibilidad —añade Millás— deben volver a la inspiración originaria de los grandes maestros y deben adaptar con libertad y creatividad su mensaje a los tiempos actuales. Es difícil que esto suceda en religiones cuyo desarrollo va, como decíamos, en sentido contrario.
– “Las religiones (sus fieles y sus representantes institucionales) están atrapadas entre la llamada a la creatividad, solidaridad y universalidad (siguiendo las inspiración originaria) y la tentación de reforzar los elementos de rigidez, intolerancia y particularismo. El discernimiento es necesario y a la vez institucionalmente difícil”.

2.- Qué tendencias peligrosas deben evitarse

-“ Las religiones han realizado grandes aportaciones a la humanidad —matiza Miralles— pero determinadas tendencias actuales representan peligros serios. La Globalización aumenta la pobreza, la exclusión y la inseguridad de muchos colectivos. Por ello refuerza la tendencia hacia formas religiosas que refuerzan los lazos identitarios. Estas formas religiosas, aunque responden a profundas dimensiones humanas, tienden espontáneamente hacia el integrismo, el fundamentalismo, la intolerancia y la rigidez”.

“Las religiones son vistas como una fuente de división social y política. Este peligro es muy real porque las religiones provienen de una primitiva raíz tribal (J.Melloni). Las religiones han sido religiones de una tribu, un pueblo, una nación. Al construir un cosmos sagrado (Berger) sacralizan los antagonismos de raíz económica, política o de status. Desde este punto de vista las religiones son una amenaza para un mundo uno cuyos principales problemas es la convivencia respetuosa de pueblos de diferentes culturas (y por lo tanto costumbres, valores y visión del mundo)”.

“Las religiones —reconoce Miralles— son formidables estructuras de legitimación del conjunto del “orden social” (Berger). Por esto los poderosos de cada orden social se han esforzado por utilizarla para legitimar su situación de poder económico o político… y las religiones han pactado frecuentemente con esos poderes para obtener ventajas o evitar la persecución. La manipulación de la religión por el poder es una posibilidad siempre presente. Desde esta perspectiva las religiones son una amenaza para una sociedad dividida por la injusticia económica, política y medioambiental”.

3. La sostenibilidad de las religiones en el mundo globalizado. Amenazas y oportunidades para las religiones.

“Es conocido que la sociología sobre las religiones en la segunda mitad del siglo pasado diagnosticaba el crecimiento imparable de la secularización de las sociedades —asegura Miralles— y por lo tanto la desaparición de las religiones. No parece que este diagnóstico haya sido acertado si se mira el conjunto del mundo. En opinión de Berger, el mundo continúa siendo religioso y las religiones se han hacho en algunos casos muy significativas socialmente hablando. Pero Berger asume que en el “mar” de las sociedades hay unas “islas” de secularización. Estas son por un lado Europa Occidental y por otro el conjunto de elites intelectuales y académicas del mundo entero. Si este diagnóstico es certero, nuestro análisis de la sostenibilidad de las religiones debería ser también diferenciado”.

“En las sociedades secularizadas y postmodernas, la “espiritualidad” aparece como una vía capaz de acoger la cuestión del sentido, de la calidad humana y de la compasión en contextos tanto religiosos como no religiosos. La cuestión es si las religiones (sus fieles, sus pastores, sus teólogos) deberían reinterpretarse “sólo” como caminos hacia la espiritualidad y la “sabiduría”. Obviamente, esto es muy difícil: creyentes, pastores y teólogos que viven dentro del mundo religioso difícilmente pueden asumir una transformación tan radical. Sin embargo, esto tal vez sea el nuevo “imposible-necesario” del que hablaba M. Légaut”.

“Incluso si se sigue este camino, la espiritualidad deberá estar muy alerta frente a sus peligros específicos: reducción a una moral vs. sentido de la “gracia, del don recibido (Armstrong?); reducción estético-elitista vs. compasión, solidaridad y compromiso (Compte-Sponville?); desviación hacia el egocentrismo amable… pero egocétrico (R. Byrne)”.

Referencia bibliográfica: AA.VV. ¿Es sostenible el mundo en que vivimos? Un enfoque interdisciplnar (Madrid, Publicaciones Universidad Pontificia Comillas 2012, sub praelo)