ser progresista es luchar por una legislación que prohíba el aborto. (Mons. Elías Yanes)

Evaluando el 25-S

Por Julia Merodio, escritora.-

Ya han pasado varios días desde los acontecimientos de 25 – S pero seguimos incidiendo sobre ello y haciendo encuestas, en la cale, para ver lo que ha supuesto para la gente de a pie. Y fue, precisamente ayer cuando, al ver en televisión una de esas encuestas callejeras, me sentí cuestionada y retada a expresar mi sentimiento.

Las posturas que se desprendían de la encuesta me llevaron a afrontar el fondo de la cuestión en estos términos. Había una porción de gente que, ante los hechos se sentían indiferentes. Eso no iba en absoluto con ellos –decían- Estaban tan sumidos en su situación, que lo pasado les traía sin cuidado. Para ellos era una simple anécdota; para unos agradables porque estaban a favor; para otros desagradable porque estaban en contra y para unos terceros trivial; pero todos decían haberla olvidado ya.

Al contrario que este primer grupo de gente, se encontraba otro que, lejos de olvidar, vivían asentados en lo vivido, de una forma obsesiva, desgraciadamente, no eran capaces de objetivar lo que la realidad de las imágenes les hacía ver. Y había un tercer grupo que se ceñían a la realidad del hecho, de los resultados, de los destrozos…, no sólo materiales sino físicos, que todo esto había causado; pero con tristeza observe que, ni unos ni otros, eran capaces de ir al fondo de la cuestión y ver lo que de egocentrismo y fanatismo se fundía en la realidad.

Lo que sí se desprendía de los que accedían a responder era que, muchos de los asistentes querían presentar de forma pacífica su protesta, pero de una manera inadecuada y desde el uso de una libertad, creo yo que mal entendida que siempre degenera en males imprevisibles.

Estoy segura de que la inmensa mayoría de los manifestantes no quería hacer ningún mal; sino que, de una manera puntual quería reivindicar sus derechos; lo que ya no fueron capaces de prever fue el que, reclamar las cosas fuera de los cauces establecidos, conlleva unos daños imprevisibles.

Tampoco, a los que iba dirigida la manifestación, fueron capaces de pararse a pensar que, lamentablemente, estos hechos iban a causar un daño irreparable a los intereses de España; ofreciendo así, canales más productivos desde los que poder escuchar el dolor de los que lo están pasando mal.

De ahí que, si todo lo sucedido, no sirve para abrir una vía de comunicación entre el gobierno y los ciudadanos; entre el gobierno y las CC.AA, entre los que tienen tanto (a veces, indebidamente) y los que no tienen nada, todas estas situaciones, injustificadas, seguirán pasando y, lo que es más lamentable será, que siempre seguirán pagando las consecuencias los que menos culpa tienen.

Tras el desagradable espectáculo quedé en silencio. Todo lo que había visto había sido tan humano, tan terriblemente humano que Dios no aparecía por ninguna parte. Pero ¿acaso Dios no habría acudido a una situación tan dura y despiadada? ¡Sentí vértigo! ¿Acaso todo lo que pasa en el mundo, no tiene que ver algo con Dios?

Me detuve. Me di cuenta de que, es verdad qué no todo el mal que ocurre en el mundo tiene que ver con Dios, en el sentido de que, (como muchos quieren hacernos ver) Dios colabore con ello y menos aún que lo cause; pero sí es cierto que todo lo que ocurre, sucede en Dios. Lo bueno y lo malo. Pues sería triste que Dios se alejase al llegar a los lados oscuros de nuestra vida. De ahí que, para mí, resulte muy alentador que Dios se encuentre hasta en las realidades más sombrías de la existencia humana.

Por lo que me daba cuenta, no podemos quedarnos mirando las miserias de lo sucedido, ni sus efectos destructores sin una perspectiva mayor. Nosotros hemos de dar un paso más. Hemos de preguntarnos ¿qué es lo que, como cristianos, nos dice todo esto? ¿Hacia dónde nos llama?

Un creyente no puede obviar estas preguntas, ante ninguna causa que se le presente sea de la índole que sea; pues de estas preguntas depende el que nuestra vivencia cristiana logre ser un acceso para mostrar a Dios a una sociedad, que cada día se aparta más de Él.