Para que el mal prolifere basta con que los buenos no hagan nada (Edmund Burke)

Ideología de género: ¡engaña, que algo queda!

 Vicente Morro López.Secretario de FCAPA -Valencia. La ideología de género constituye un verdadero desafío antropológico. Un doble desafío, teórico y práctico. Teórico porque atenta contra la razón. Práctico porque afecta a la constitución y organización de nuestra sociedad. Es un proyecto de “deconstrucción” de la naturaleza humana. Este planteamiento, que pretende imponer el enfoque de género en todos los ámbitos –educación, sanidad, cultura, ¡hasta en el urbanismo!-, supone la negación de la realidad al obviar los datos objetivos. 

 

“Género” es el concepto creado para hacer decir a la naturaleza humana lo que por su propia esencia no puede decir. En el fondo, al utilizar el término “género” lo que se pretende es violentar los límites que implicaría la utilización del concepto correcto, “sexo”. En función del sexo nos definimos como hombres o mujeres: no hay más opciones. Inventando el concepto “género”, se multiplican las posibilidades: cinco, seis o incluso más identidades sexuales. Además, confundimos el ámbito de la diferenciación biológica con el de las opciones, preferencias u orientaciones.

 

Como hemos dicho, el ser humano se hace presente constitutivamente en el mundo como hombre o como mujer. Desde el primer momento de la existencia humana, la unión de los gametos, la constitución genética y cromosómica determina una de estas dos únicas formas posibles de ser. Pura ciencia. “XX” o “XY” determinan lo que somos, desde el inicio hasta el final de nuestra vida.

 

Podemos empeñarnos en negarlo, como hacen quienes utilizan ideológicamente el concepto “género”, pero esa constitución inicial establece quiénes somos y cómo lo somos. Nuestra estructura anatómica, interna y externa; nuestra apariencia corporal; nuestro cerebro y su funcionamiento, todo depende de la naturaleza y no de nuestros deseos o caprichos, ni de supuestos procesos culturales. No es la cultura la que nos constituye. Un odioso experimento, el del doctor Money con los gemelos Brian y Bruce/Brenda/David Reimer, demostró justo lo contrario de lo que se pretendía, aunque a un altísimo coste humano. Pero, ¿a quién le importaba destrozar la vida de un ser humano si se conseguía “demostrar” la teoría? En el combate entre naturaleza y cultura, al final lo de menos era la verdad. Lo principal era imponer los propios prejuicios ideológicos, revistiéndolos de aparataje y jerga científicos. Y también el ego, la fama.

 

Hombre o mujer se nace, aunque Simone de Beauvoir dijera lo contrario. Es más, el empecinamiento ideológico de muchos ha pervertido lo que de positivo pudiera tener el término “género” como instrumento conceptual de interpretación y análisis de la realidad. Salvando las distancias, y cambiando lo que deba ser cambiado, podríamos decir que con esta cuestión ha sucedido como ocurriera con las intuiciones del materialismo histórico de Marx: lo positivo que pudieran tener sus análisis económicos e históricos como herramienta hermenéutica y de transformación de la sociedad, fue anulado por los graves errores de su concepción antropológica y, sobre todo, por las concretas aplicaciones políticas prácticas de su sistema.

 

Las falsedades de la ideología de género han hecho, y siguen haciendo, mucho daño a nuestra sociedad. En general, las ideologías suelen ser perniciosas, sobre todo cuando utilizan la mentira como arma («la mentira es un arma revolucionaria»; «repite mi veces una mentira y acabará convirtiéndose en verdad») y cuando violentan la realidad –es decir, las evidencias de la ciencia- para hacerla encajar en la estrechez de sus presupuestos. Además, cuando sacrifican la persona a sus delirios, son antihumanas.

 

La ideología de género es, además, la más antinatural de cuantas ha padecido la humanidad: se esfuerza por “deconstruir” la naturaleza humana, por reinventarla. En ocasiones las ideologías pueden tener una cierta base argumental que sería capaz de atraer y convencer, aunque a menudo con engaños, a sus seguidores: el nazismo buscaba autojustificarse en una supuesta supremacía de la raza aria y en su interpretación de las humillaciones sufridas por Alemania tras la I Guerra Mundial; el marxismo y sus derivados se legitimaban como respuesta a la opresión de la clase obrera; los nacionalismos se fundamentan en supuestas tradiciones y derechos históricos y en la necesidad de vengar injusticias o agravios, supuestos o reales. En la ideología de género, al negar la realidad y la naturaleza, ni siquiera existe esa base argumental. Por eso está siendo impuesta “desde arriba”, pues no puede reclamar asentimiento racional, sólo mera adhesión. Son ciertas instancias e instituciones internacionales, algunas agencias de la ONU, unas cuantas organizaciones no gubernamentales y varias fundaciones de millonarios, pretendidamente filantrópicas, las que están imponiendo a toda la sociedad el dogma de género. Dale O’Leary y Marguerite A. Peeters, dos mujeres precisamente, lo han descrito magistralmente.

 

Desde la mera razón hay argumentos científicos y evidencias objetivas racionales para desenmascarar los engaños de esta ideología que tiene, como hemos esbozado, una concreta agenda política para la imposición de su perspectiva a toda la sociedad.

 

Tan seria es esta cuestión, tan grave la desvirtuación que introduce en la comprensión de la auténtica naturaleza humana, que la Conferencia Episcopal Española se ha pronunciado recientemente, con argumentos morales racionales, pero también de Fe. En la XCIX sesión de su Asamblea Plenaria, en abril de 2012, estudió un documento que fue publicado a principios del pasado mes de julio. El revelador y esclarecedor título del documento es La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar. El documento dedica específicamente a esta ideología, además de diversas referencias generales a los largo del texto, 8 de sus 35 páginas efectivas (nº 45 a 81). Es el pronunciamiento más extenso, explícito y concreto de nuestra Conferencia Episcopal sobre esta cuestión esencial. Merece una atenta lectura y una detenida reflexión ante la urgente necesidad de dar una respuesta razonada y razonable a este grave desafío antropológico.

 

Los obispos españoles advierten sobre la deformación y manipulación del lenguaje y la utilización «no inocente» de la terminología por parte de esta corriente ideológica. Ésta es una de sus características principales. En relación con esto, los prelados llaman la atención sobre el papel de la familia y sus derechos en el ámbito de la educación, de manera específica en el campo de la educación afectivo-sexual.

 

La definición que ofrece el documento, en el número 54, es clara: «Con la expresión “ideología de género” nos referimos a un conjunto sistemático de ideas, encerrado en sí mismo, que se presenta como teoría científica respecto del “sexo” y de la persona. Su idea fundamental, derivada de un fuerte dualismo antropológico, es que el “sexo” sería un mero dato biológico: no configuraría en modo alguno la realidad de la persona. El “sexo”, la “diferencia sexual” carecería de significación en la realización de la vocación de la persona al amor. Lo que existiría –más allá del “sexo” biológico– serían “géneros” o roles que, en relación con su conducta sexual, dependerían de la libre elección del individuo en un contexto cultural determinado y dependiente de una determinada educación.»

 

Para finalizar, recordamos la invitación que, en el número 112, nos hacen nuestros pastores: «Será necesario un buen conocimiento de las claves principales de la “ideología de género”, inspiradora en gran parte de la actual legislación española sobre el matrimonio. El conocimiento de su deformación del lenguaje permitirá reaccionar de modo justo. Pero sobre todo será necesario disponer de la formación adecuada acerca de la naturaleza del amor conyugal, del matrimonio y de la familia. Solo entonces será posible alimentar la convicción que permita empeñarse personalmente en favor de la regulación justa del matrimonio y de la familia en el ordenamiento jurídico.» Hagámosles caso. Conozcamos y actuemos en consecuencia.