ser progresista es luchar por una legislación que prohíba el aborto. (Mons. Elías Yanes)

Rezar por los musulmanes… y con los musulmanes

El Papa es plenamente consciente de que el diálogo teológico con el Islam es imposible en la practica, salvo en un punto de encuentro que es esencial para la convivencia: la creencia en un solo Dios. Esta es la senda de la paz entre las dos grandes religiones por la que camina Benedicto XVI. Entrar a discutir sobre la Trinidad o sobre la divinidad de Jesús, su muerte y resurrección, es perder el tiempo.. y perderse en vericuetos sin salida.

Ahora bien, quienes hemos vivido en algún país musulmán, aún conociendo la existencia de minorías radicales, por lo general ignorantes, sabemos perfectamente cuánto se sabe apreciar al auténtico creyente que ama a Dios y trata de someterse a su voluntad. En esto, cristianos y musulmanes nos damos la mano, nos abrazamos. Y además, compartimos algunas de las certezas que nos aporta la fe: creemos que el hombre ha sido creado por Dios para alcanzar la felicidad eterna obedeciendo sus mandamientos y creemos, por tanto, en la resurrección y en el juicio final.

Los musulmanes creen, además, que Jesús vendrá el ultimo día a matar al anticristo… para instaurar definitivamente el Islam –es decir, el sometimiento a Dios- aunque añaden algunas fantasías esotéricas que restan vigor a la creencia. Salvando las debidas distancias, en alguna ocasión no he dudado en afirmar a mis amigos musulmanes que, como católico, también soy un buen musulmán, en la medida que me “someto” a Dios.

De modo que me ha encantado la petición de Benedicto XVI a los patriarcas cristianos de Oriente Medio: “Amad a los musulmanes, rezad por ellos, son vuestros hermanos…” Así, rompiendo todos los esquemas y tópicos que muchos se hacen en el mundo occidental a propósito de los islámicos, asociándolos a la violencia, el Papa ha venido a levantar todas las barreras que separan con frecuencia a cristianos y musulmanes en esta tierra común que ya ha visitado cuatro veces.

Es evidente, (como vemos cada vez que algún estúpido se dedica a denigrar el Islam, como ocurre estos días con la no menos estúpida película o proyecto de película “La inocencia de los musulmanes”), que ahí está el problema del fundamentalismo, es decir, de las corrientes radicales que no interpretan el Corán de acuerdo con el “esfuerzo” (el “ichtihad”) que exige la escuela jurídica mayoritaria de la “sunna”. Esas corrientes, entre ellas algunas minorías integradas en el “salafismo” que aspiran a incorporar los primeros tiempos de esplendor del Islam a nuestra época –el ejemplo más claro lo ofrecen los “taliban” afganos, adoctrinados en el radicalismo de la escuela terrorista de “Al Qaida”-, quieren convertir el Corán –aplicado al pie de la letra- en el único texto legal para regular todos los aspectos de la vida civil, cultural, política, religiosa, social, familiar…

En ese contexto no admiten siquiera la convivencia con creyentes de otras religiones y, por ende, con los agnósticos y ateos. Aspiran a un mundo monocromático donde solo se aplique la ley islámica (la “sharía” o “xeráa” en transcripción fonética más próxima a nuestro idioma). Y para ello matan, violan, torturan, incendian, saquean: todo les vale para quedarse solos como sueños del mundo.

A mi modo de ver, el gran problema que subyace en la emergencia cíclica de este fenómeno de violenta intransigencia, reside en que la mayoría de los musulmanes que tratan de vivir su fe pacíficamente, no ha sido capaz todavía de enfrentarse con valentía a estos “locos de Dios”. El Papa lo ha dicho con el coraje de un hombre santo: “el fundamentalismo es siempre una falsificación de la religión”. ¿Cómo no se han opuesto todavía las múltiples autoridades religiosas musulmanas a estas corrientes que falsean su propia creencia? Puede que en el fondo no estén plenamente seguros de que Dios no quiere la violencia porque en el Corán hay algunos pasajes que pueden inducir a la ambigüedad… Como no hay una autoridad única y unívoca en el mundo islámico, un papa con capacidad para convocar un concilio y sentar una doctrina cierta; como subsisten cuatro escuelas jurídicas que se diferencian entre sí por el esfuerzo de interpretación, el consenso, la analogía y el razonamiento para aplicar los textos sagrados, cada cual se siente libre de actuar como mejor le parezca “en defensa del Islam”.

Este es el gran problema del mundo islámico y, sin duda, el mejor motivo para atender la voz de Benedicto XVI y rezar por nuestros hermanos musulmanes.

En todo caso, ya se ha producido un hecho que bien puede considerarse milagroso: la visita pastoral del Papa a un Líbano que ha sufrido una cruel guerra civil y que vive angustiado por las repercusiones en su suelo y en sus diversas comunidades religiosas de la guerra de Siria, ha unido estos días a cristianos y musulmanes en una misma esperanza: que la paz es posible… a pesar del fundamentalismo y de la rediviva “Al Qaida”.

Claro que Líbano, en si mismo, por su tradición democrática, ha sabido remontar sus tensiones internas para recuperar la libertad religiosa como esencia de las demás libertades y, por tanto, de la paz, algo que todavía no se ha entendido en otros países árabes.

Por cierto –y esto es tema para otra reflexión- me pregunto si toda esa oleada de ataques contra las embajadas norteamericanas, que ha puesto en tela de juicio la consistencia del apoyo occidental a la mal llamada “primavera árabe”, no está dando la razón al dictador sirio Bachar El Asad. La guerra en Siria ¿es contra la dictadura o un intento de culminar la expansión del islamismo radical en la región? Adelanto un augurio: como no se encuentren mecanismo de diálogo para llegar a un acuerdo basado en la instauración de una auténtica democracia y, por ende, la libertad religiosa, tal y como ha pedido el Papa, la inestabilidad política en la región subirá un peldaño más, sin que nadie pueda vislumbrar qué hay al otro lado de la escala.