Para que el mal prolifere basta con que los buenos no hagan nada (Edmund Burke)

La participación de los cristianos en la vida pública

Carlos Corral. Analista Político Internacional.- “La Moral política está a la orden del día—nos dice Rafael Sanz de Diego, en su reciente libro, Moral Política 2012—. Constantemente salen en los medios de comunicación social conductas inapropiadas que son las que constituyen la noticia”. 

Por ello, el autor no duda en asumir ahora el término “Moral política” por más que sea relativamente moderno, aspirando a que se encuentren bases para adoptar una postura razonada ante ellos basada en la doctrina social de la Iglesia, la Sagrada Escritura o el amplio pensamiento eclesial y no eclesial sobre estas cuestiones. Aquí nos fijamos sólo en dos capítulos, el inicial (cap.I) “distinción entre la política, la religión y la moral” y el conclusivo (cap.XXII).

1.- Convergencia y distinción entre la política, la religión y la moral.

Cierto que se debe partir de la distinción entre la política, la religión y la moral, pero a la par se debe sostener la afirmación de que el cristianismo, aun reconociendo que la política y la moral son distintas en su naturaleza y fines, la política no es independiente de la moral o de la religión en cuanto que es susceptible de ser sometida, y de hecho debe serlo, al juicio moral y religioso (p.494).

Por ello afirmar que la política es autónoma, no puede ser más que una afirmación relativa, a la que en ningún caso puede dársele un sentido absoluto. Precisamente, una exigencia moral derivada de la naturaleza humana es la existencia de una autoridad política, entendida como servicio al hombre y al bien común; así como la de un orden legal que garantice la dignidad humana y ese bien común. De ahí que la Iglesia católica tenga una aportación que hacer en torno a los valores de libertad, igualdad y solidaridad. Afirmación aquella que no contradice, como tampoco niega, la compatibilidad entre la denominada “ética civil” y la “moral cristiana” en el sentido de una sociedad plural y heterogénea como la española.

2. En qué consiste la aportación de la Iglesia.

Respecto a la sociedad, la Iglesia no pretende —insiste Sanz de Diego— el monopolio de la verdad sobre el hombre. Ella propone su moral como una alternativa a la que los hombres habrán de acceder en libertad”, ni pretende competir en términos competitivos con la propuestas morales no confesionales, ni tampoco excluye la “ética civil”, sino que se avance en el respeto de todos aquellos valores éticos que expresen la dignidad humana y sirvan de base a la convivencia pacífica y justa. “Ética civil” que no puede definirse como antirreligiosa o anticristiana.

Todo ello implica —según Sanz de Diego— que los cristianos debemos plantearnos todos los problemas políticos desde una perspectiva moral, en conciencia, y de acuerdo con los valores básicos que defiende la Iglesia católica en su Moral política.

3. Los Criterios para participar en la vida pública

Son los Criterios, enunciados especialmente por Juan XXIII en la Pacem in terris (nn.154-156): tanto los negativos —cual no aceptar compromisos que puedan dañar la integridad de la fe o de la moral—; como los positivos — la prudencia y la autoridad como competente—. No se olvidan sino que se indican, además, los deberes más señalados por el ministerio de la Iglesia, tanto en el campo de lo público, en general; como en la responsabilidad en las consultas políticas, y la militancia política, la profesión desde las perspectivas de la vida pública; y el cristiano ante los problemas socioeconómicos. En todo caso, se debe respetar la opción personal del cristiano ante los problemas del mundo y de todos.

Concluyendo con RAFAEL SANZ DE DIEGO, -La fe cristina tiene una esencial dimensión pública; -Nadie puede decir que ama a Dios si no ama al prójimo; -Es imprescindible para un cristiano el compromiso público que tiene diversos planos y grados: familia, profesión, política; -la Iglesia la ve preocupada por la escasa proyección social de los católicos; -pero la Iglesia, una vez más, no concreta las obligaciones de cada uno.

Referencia bibliográfica: RAFAEL SANZ DE DIEGO, Moral Política, (Madrid, BAC 2012) XXXI-683pp. La monografía es más que un manual; es un tratado amplio y bien conjuntado de Historia (Parte I) y Sistemática (Parte II) de la Moral política.