Benedicto XVI recibió ayer viernes en Audiencia en las Villas Pontificias de Castel Gandolfo a los obispos nombrados recientemente, que participan en el curso de formación promovido por la Congregación para la Evangelización de los pueblos. Son pastores de Comunidades de reciente fundación en África, Asia, América Latina y Oceanía, comprometidas todas ellas en la nueva evangelización y en la obra de consolidación de la fe.
El Papa animó a los obispos a no perder el entusiasmo y el celo apostólico. Ayer, en la Audiencia General el Pontífice había dicho que “Jesús tiene en sus manos la Iglesia de todos los tiempos” hoy ha reiterado a los obispos que “la Iglesia es de Dios”.
En vuestro corazón esté firme siempre la confianza en el Señor; la Iglesia es Suya, y Él es el guía en los momentos difíciles y en los de serenidad.
El Santo Padre subrayó que a pesar de los sinsabores, “algunos abandonos, las fricciones, o los momentos de inestabilidad e incoherencia, son Iglesias que van madurando gracias a la acción pastoral, y también gracias al don de la communio sanctorum, que permite una ósmosis real de gracia entre las Iglesias de antigua tradición y las de reciente constitución”.
Las jóvenes Iglesias son, por lo tanto, un signo de esperanza para el futuro de la Iglesia universal.
Benedicto XVI señaló que una adecuada inculturación de la fe ayudará a encarnar el Evangelio en las culturas de los pueblos y tomar lo bueno que vive en ellos. Se trata, sin embargo, advirtió el Papa, de “un proceso largo y difícil que no debería en ningún modo comprometer la especificidad e integridad de la fe cristiana”.
“El mundo hoy tiene necesidad de personas que hablen a Dios, para poder hablar de Dios, solo así la Palabra de salvación dará fruto” explicó el Papa, que hablando de la inestabilidad social de la vida cotidiana, ha añadido a las calamidades naturales que viven algunos de estos países, las discriminaciones culturales y religiosas que sufren, la intolerancia facciosa fundamentalista, que oprimen la libertad religiosa, el respeto de los más débiles, a lo que hay que añadir “los contrastes entre etnias y castas que causan violencias injustificables”.

















