05/09/12
Jesús de las Heras, director de la Revista Ecclesia
Al hilo de la película “Teresa de Calcuta”. Su “noche oscura” la engrandece aún más e ilumina la nuestra
(Ahora que se cumplen quince años de la muerte Teresa de Calcuta y que se ha desatado una artificial e interesada polémica sobre sus años de sequedad y aridez espiritual, he releído algunos de sus libros y pensamientos y he vuelto a ver una película que sobre ella hizo la televisión italiana y que llegó en el invierno de 2006 a los cines españoles. Este artículo se centrará en este filme, icono de su existencia y experiencia humana y cristiana.
Pero antes séame permitido afirmar que, después de conocer su “noche oscura”, su figura se acrecienta en mi y en la de tantos creyentes. Dios visita a sus mejores hijos con la cruz y con la prueba. Nos “hiere” y purifica así con su Amor para seamos testigos y servidores de ese amor único, verdadero y transformante. Gracias, Madre Teresa, tu noche oscura ilumina la nuestra y la puebla y colma de esperanza.)
Los cines españoles nos regalaban unos años una de esas películas que bien merecen la pena y que llena el alma de la mejor de las músicas y de los regustos. Es una película hermosa, entrañable, interpeladora y verdadera. Narra la historia de una vida de película. Narra la historia de un gran amor y su llegada a España ha coincidido -maravillosa casualidad, que para los creyentes es providencia- con la publicación de la encíclica del Papa Benedicto XVI “Deus caritas est” (“Dios es amor”). Y es que pocas imágenes, pocos iconos, pocos ejemplos más luminosos y significativos para hablar del amor que el de Madre Teresa de Calcuta, la protagonista de esta película que ahora comentamos.
Una historia de amor
Narra esta película la historia de un gran amor porque no cabe duda de que fue el amor la clave de su vida, de la vida de la protagonista del filme en cuestión. Fue el amor de Dios el que llenó toda su humanidad. Y fue su respuesta de amor la que el filme se transmite espléndidamente. Nada hay más importante y más decisivo que el amor. Que el amor verdadero, generoso, desinteresado, entregado, ofrendado, inmolado, servido.
La película es la historia de un amor amasado en la escucha de la llamada y en la escucha del gemido de los pobres. Es la historia de un amor horneado en la Eucaristía y en la oración; cocido en el fuego lento de la austeridad y de la pobreza; sazonado en el seguimiento radical de Jesucristo crucificado; madurado en la reciedumbre y la autenticidad de su servicio. Es la historia de un amor repartido -como pan reciente, tierno, crujiente, saciador e inolvidable- en la mesa de los pobres, de los parias, de los enfermos y de los moribundos como el pan del amor y de la esperanza. La película de la que hablo es la historia de un amor y la historia de una santa porque, como dice Benedicto XVI en su encíclica XVI, nadie como los santos han sabido tanto de amor y nadie como ellos han servido a los pobres y necesitados.
La película de la que hablo es la historia del amor, amor encarnado, de una mujer débil, frágil, enjuta, pobre y arrugada. Es la historia del amor una mujer que escribió también algunos libros, de los cuales dos de ellos forman parte de mi Biblioteca del alma y cuyos solos títulos muestran y definen ya quién fue esta cristiana excepcional: “Tú -por Dios- me das el amor” y “La alegría de darse a los demás”. Esta historia de este amor es la síntesis y el compendio de los mandamientos y del Evangelio. Y esta historia de un amor es la historia, sí, de la Beata Teresa de Calcuta, de la Madre de los pobres, de la santa del pueblo, que ahora se acerca a nosotros en una película sobre una vida de película, en una película que quizás no recibirá premios, pero sí siembra en el alma el deseo de premiar y regalar a los demás con el mejor de los premios y de los regalos: el amor.















