Luis Ignacio Martínez Franco
La expresión «bien común» ha caído en desuso para ser sustituida por otra de menor calado: el «interés general». Creo yo que la primera posee un pedigrí del que carece la segunda cuando expresar se quiere a lo que todos aspiramos: la felicidad, o vida feliz que dirían los clásicos.
Lo que me seduce de la expresión «bien común» es ese algo de proyecto compartido que posee, de objetivo aglutinador de esfuerzos, de base moral de convivencia. A diferencia, la expresión «interés general» más bien parece apelar a algo con connotaciones egoístas: el interés como motor de nuestra vida socio-política.
Causa estupor que en la encrucijada tan delicada en que se encuentra nuestro país olvidemos un valor tan importante como es el bien común. A juzgar por los comportamientos de algunas fuerzas políticas y sociales, cualquiera diría que pertenecemos a países distintos y en pugna. Desgraciadamente por el irracional camino del desencuentro nunca llegaremos a buen puerto.
Los partidos políticos, faltos, en general, de altura de miras y de grandeza patriótica, andan enzarzados en sus intereses partidistas. Esta miopía política, basada más en el propio beneficio que en el bien común, les lleva a una forma perversa de hacer política en la que priman las ambiciones, gremiales o personales, en detrimento de lo que de verdad nos importa a los españoles y que nos haría progresar como pueblo.
Si lo que perseguimos es el bien común y recuperar el bienestar perdido, lejos de dedicarnos a practicar el sokatira político, hemos de ser generosos y solidarios. La confrontación política inherente a la democracia es muy saludable cuando tiene por objeto la búsqueda del bien general; pero practicada con el único afán de erosionar al oponente, convierte a los partidos políticos en una especie de indeseables aspirantes a okupas del poder.
Nos encontramos en una situación de emergencia nacional en la que peligra el futuro de nuestro país como nación soberana. España es ahora el BIEN COMÚN, el bien que debemos defender con todas nuestras energías. Y, ante ese bien prioritario, han de declinar los intereses partidistas, tratando los partidos políticos de buscar el entendimiento por todos los medios.

















