El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir (A. Einstein)

Europa, cristianismo y universalidad (1 de 4): “Valores cristianos y raíces de Europa”

Los días 12, 13 y 14 del pasado julio-2012 tuvo lugar en Covadonga el V Curso de Verano sobre las “raíces cristinas de Europa” organizado por la Asociación Católica de Propagandistas, a través de su Centro en Asturias. Una de las sesiones de ese curso se centró en el tema que se formulaba “valores cristianos, europeos, universales”. Es el que nos proponemos hacer objeto de tratamiento en varias “entregas”, incluida la presente1.

 

Como Juan Pablo II señalaba en su exhortación Ecclesia in Europa (2003)2, “en el proceso de construcción de la « casa común europea », debe reconocerse que este edificio ha de apoyarse también sobre valores que encuentran en la tradición cristiana su plena manifestación” (EE 19). En 1982, en su primera visita a España, el mismo Juan Pablo II, en un amoroso, enérgico y esperanzado llamamiento, clamaba: “Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes.” Podemos, pues, referirnos a valores, cuando hablamos de los orígenes y raíces de Europa.

 

Sin entrar en disquisiciones filosófico-técnicas, que aquí no tendrían su lugar, ni son necesarias para nuestras consideraciones, hablamos de valores en el sentido usual y más amplio, en el que con este término –valor, valores—se hace referencia con signo claramente positivo a las más variadas realidades, ideas, elementos de una concepción, actitudes, hábitos (virtudes). Así, p.e., habrá quien hable de los “valores” a los que responde una determinada antropología… Los valores pueden ser calificados, denominados, clasificados en razón de muy diversos criterios. Unos mismos valores que en cuanto a su, digamos, contenido son idénticos pueden recibir en distintos momentos diversas denominaciones según los varios criterios a que se atienda. Precisamente en la tesis que aquí sostenemos determinados valores que consideramos cristianos los tenemos a la vez, bajo diversas consideraciones, como europeos y universales. ¿En razón de qué hablamos de valores cristianos? ¿Acaso porque lo son sólo de los cristianos? ¿Y en razón de qué esos mismos valores que consideramos cristianos pueden decirse a la vez europeos? ¿Y no pueden esos valores decirse también al mismo tiempo universales? Sin duda podemos denominar cristianos a determinados valores porque es el cristianismo el que les confiere su pleno fundamento y sentido, europeos porque son los que han conformado la identidad de Europa y universales por la extensión de su universal validez humana, racional.

Por otra parte, la Europa que tenemos presente es una realidad cultural antes que geográfica: “Más que como lugar geográfico, se la puede considerar como « un concepto predominantemente cultural e histórico, que caracteriza una realidad nacida como Continente gracias también a la fuerza aglutinante del cristianismo, que ha sabido integrar a pueblos y culturas diferentes, y que está íntimamente vinculado a toda la cultura europea” (EE 1083).

En la misma memorable ocasión ya antes recordada, Juan Pablo II afirmaba en 1982, desde Santiago de Compostela de modo contundente: “La historia de la formación de las naciones europeas va a la par con su evangelización; hasta el punto de que las fronteras europeas coinciden con las de la penetración del Evangelio. Después de veinte siglos de historia[…]se debe afirmar que la identidad europea es incomprensible sin el cristianismo” Éste es un hecho innegable y su reconocimiento en una posible Constitución Europea no entrañaría en absoluto confesionalizar las instituciones políticas. Pues la Iglesia, aunque “deplora todo tipo de laicismo ideológico o separación hostil entre las instituciones civiles y las confesiones religiosas”, “no pide volver a formas de Estado confesional” (EE 117).Se explica la fundada insistencia con que Juan Pablo II se dirigía a “los redactores del tratado constitucional europeo para que figure en él una referencia al patrimonio religioso y, especialmente, cristiano de Europa” (EE 114). Por su parte,el Cardenal Ratzinger poco días antes de llegar a ser Benedicto XVI, en Subiaco4, señalaba que para excluir la mención de Dios y de las raíces cristianas de Europa en una posible Constitución de ésta no cabe ampararse en la necesidad de respetar a no creyentes o a creyentes de otras religiones. Para el todavía en aquel momento Cardenal Ratzinger: “La afirmación de que la mención de las raíces cristianas de Europa hiere los sentimientos de muchos no cristianos que viven en ella, es poco convincente, ya que se trata antes que nada de un hecho histórico que nadie puede negar seriamente […] Los musulmanes … no se sienten amenazados por nuestros fundamentos morales cristianos, sino por el cinismo de una cultura secularizada que niega sus propios fundamentos. Y tampoco se ofenden nuestros conciudadanos judíos por la referencia a las raíces cristianas de Europa, en cuanto estas raíces se remontan al monte Sinaí… Lo mismo se puede decir de la referencia a Dios: la mención de Dios no ofende a los pertenecientes a otras religiones, lo que les ofende es más bien el intento de construir la comunidad humana sin Dios” La motivación real que se oculta tras esas razones de respeto a los demás, está, según advertía el Cardenal Ratzinger y como veremos más detenidamente otro día, en la pretensión (mantenida por algunos desde influyentes posiciones) de hacer consistir la identidad de Europa con la profesión de una común cultura ilustrada laicista.

 

La relación del cristianismo con Europa es tal que en la fe cristiana cabría ver la forma que estructura la complejidad de los elementos y corrientes que se integran en su identidad cultural. Pero si todo permite y aun obliga a hablar de la cristiandad de lo europeo, ¿cabría, a la inversa, hablar de una europeidad de lo cristiano? Trataremos más adelante sobre la información cristiana de lo europeo y la encarnación europea de lo cristiano, sobre la racionalidad-universalidad de lo cristiano y sobre la crisis secularista así como de la urgencia de la nueva evangelización que Europa específicamente necesita.- Teófilo González Vila.

 

1 Aunque no necesariamente continuas.

 

2 Esta Exhortación Apostólica Postsinodal Ecclesia in Europa, de 28 de junio de 2003, corresponde a la II Asamblea General para Europa (1-23 de octubre de 1999), cuyo tema fue Jesucristo viviente en su Iglesia, fuente de esperanza para Europa. Aunque Ecclesia de Eucharistia (de 17 de abril de 2003) es anterior, en unos meses, a Ecclesia in Europa (de 28 de junio de 2003), parece que se han adoptado las siglas EE para Ecclesia in Europa, y EdE para Ecclesia de Eucaristía. Sigo ese uso.

 

 

3 En términos de la Proposición 39 de la II Asamblea General para Europa.

 

4 En la conferencia sobre “Europa en la crisis de las culturas”, pronunciada en Subiaco el 1 de abril de 2005, en el monasterio de Santa Escolástica, al recibir el premio «San Benito por la promoción de la vida y de la familia en Europa».