España estalla hoy en fiestas en una de las fechas más significativas que el calendario cristiano dedica a honrar a la Virgen María, la fiesta de la Asunción. Desde el País Vasco a Canarias, desde la Virgen de Begoña a la Candelaria tinerfeña pasando por la Blanca Paloma de Madrid o la Virgen de los Reyes de Sevilla, centenares de pueblos y ciudades españolas, sin olvidar las iberoamericanas, celebran esta grandiosa fiesta que ilumina a la Iglesia y a la Humanidad entera por su profundo significado de esperanza. Aunque el dogma de la Asunción no fue definido hasta 1950 por el Papa Pío XII, la Iglesia, desde los primeros siglos profesó la fe en la asunción en cuerpo y alma a la vida celestial de María “la mujer vestida de sol, coronada con doce estrellas” descrita en el Apocalipsis.
La liturgia del día proclama la alegría del ejército de los ángeles al recibir a María, coronada como reina de los cielos y de la tierra, como la primera persona en la que se cumple la esperanza de la resurrección después de que lo hiciera su hijo Jesucristo. De ahí que el Papa Juan Pablo II proclamara a su vez que esa alegría de los ángeles es compartida por los hombres y mujeres de todo el mundo al confirmarse en la Asunción la victoria sobre la muerte y la anticipación del cumplimiento definitivo de todas las cosas en Dios. Es día, pues, de inmensa alegría y, por lo tanto, de optimismo en la medida que la aspiración humana de la vida eterna, la gran esperanza que da todo su sentido a nuestra vida, cobra alas en esta fiesta por encima de todas las crisis que padecemos en este valle de lágrimas, que también lo fue de la propia María, madre de la Iglesia y madre de toda la humanidad.

















