El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir (A. Einstein)

Las virtudes de los Juegos Olímpicos

La llama Olímpica de Londres 2012 ha comenzado su recorrido hacia Río de Janiero, lugar de la próxima competición deportiva universal. Una vez más, estos Juegos han supuesto una oportunidad para la fraternidad de todos, basada en una buena voluntad entre quienes compiten y quienes asisten a las competiciones. En unas Olimpiadas en las que se han batido cuarenta y cuatro récords del mundo y ciento diez y siete marcas olímpicas, es hora de hacer balance de la participación española. Los representantes del Reino de España han conseguido, después de un desalentador principio, un moderado nivel de triunfos, muy por debajo de las expectativas,  del esfuerzo y de los recursos que han dedicado a su preparación. Sorprende que tanto en el fútbol como en el atletismo nuestros deportistas no hayan estado a la altura que debieran.

La celebración de los Juegos Olímpicos debe ser una oportunidad para que los valores que acompañan toda práctica deportiva estén presentes en la sociedad española. No hace falta más que observar la historia de la humanidad, desde las primeras Olimpiadas, para descubrir que la educación para el deporte, su práctica común y su presencia en la vida de los más jóvenes, siempre ha sido un complemento adecuado para la mejor preparación de las nuevas generaciones. Las virtudes que hacen posible el esfuerzo, la generosidad, la solidaridad con el equipo, contribuyen decisivamente a la formación integral, humana y cristiana, de la persona.