ser progresista es luchar por una legislación que prohíba el aborto. (Mons. Elías Yanes)

“Juanito” o el triunfo de la vida… y “Juanita”.

 Vicente Morro López. Secretario de FCAPA-Valencia.- Este verano, intercalados con el marasmo de malas noticias y previsiones más terribles todavía, casi ahogados por un torrente de correos supuestamente graciosos o ingeniosos y mezclados con montañas de spam, estoy recibiendo los mensajes más humanos y emocionantes que he podido leer en mucho tiempo. 

Son las ‘crónicas’ que envía desde la India –Varanasi (el Benarés de toda la vida para los que estudiamos en su día el Bachillerato)- David, mi hijo mayor. Ha ido allí unas semanas, como cientos de jóvenes españoles están haciendo aprovechando su verano, con un grupo de Valencia para ‘ayudar’ a las hermanas de la Madre Teresa, es decir a las personas que ellas atienden por amor a Jesucristo y a los hombres. La primera constatación, no sorprendente desde luego, es que los realmente ayudados son ellos. Esto no obsta, por otra parte, para que estén realizando un estupendo trabajo voluntario, humano y humanizador –«hombre soy, nada humano me es ajeno» (y menos aún el dolor)-.

No me importa, todo lo contrario, reconocer que alguno de los correos casi hace que se me salten las lágrimas, y no es mero amor de padre. De hecho, amable lector, evito cargarte con las reflexiones más familiares, personales e íntimas, que las hay y muchas… ¡bastante haces con leerme!

Los que estamos en Occidente, como él dice, andamos muy atareados y preocupados: la crisis económica, la prima de riesgo, el tenebroso futuro, el fantasma –o la realidad- del paro, la hipoteca, llegar a fin de mes o empezarlo, el medallero olímpico y los últimos fichajes futbolísticos, la gente que nos gobierna, la que nos gobernó, la que lo hará si Dios no lo remedia y nosotros seguimos haciendo el idiota. El genial Quino, a través de Mafalda, dio en el clavo con una magistral viñeta: lo urgente no deja tiempo para lo importante. Así vivimos aquí. Hemos borrado, deliberadamente, lo importante de nuestras vidas y así no tenemos más remedio que ir resolviendo, como podemos, las urgencias de cada día. ¡Qué crédulos hemos sido los ‘superinteligentes’ occidentales! Nos hemos creído que podíamos vivir como si Dios no existiera, y así nos luce el pelo.

Espero que la experiencia que está viviendo ahora mi hijo junto con su grupo le sirva –les sirva a todos- para reencontrarse con esta verdad: nos atareamos y nos preocupamos por muchas cosas, pero en realidad sólo tenemos necesidad de una: conocer el amor de Dios y dejarle actuar en nuestras vidas. Es cierto que esto se puede descubrir también aquí, como se puede –y se debe- ayudar también aquí, comprometerse también aquí, entregarse también aquí. Madre Teresa, como la otra Teresa, lo descubrió: sólo Dios basta. Madre Teresa puso en práctica lo que decía San Agustín, «ama y haz lo que quieras». Ella amó, se dejó amar, e hizo lo que quiso: transformarse en amor para darse a los que nadie podía, ni quería, amar. ¡Cuántas veces no queremos ni podemos amar! «Aún queriendo hacer el bien, es el mal el que se me presenta», enseñó San Pablo.

Otra constatación: somos hombres con ‘suerte’. ¿Puede haber algo mejor que ser amado sin condiciones, sin contrapartidas, sin exigencias? Tenemos ‘suerte’ y podemos ser instrumentos de ‘suerte’ para los demás. También podemos serlo de dolor, de sufrimiento y de muerte, no lo olvidemos.

Entre las personas que vamos conociendo por los correos de David –las sisters, Prince, “sus chicas”- está “Juanito”. Al principio me sorprendió que David pudiera, osara, decir que “Juanito” –así lo han bautizado entre ellos- era un tipo con suerte. ¡Cómo hablar de suerte entre tanto sufrimiento! Pero es cierto: Dios ha puesto a las hermanas en su camino. A Juanito lo recogieron de la basura, literalmente, «con parálisis cerebral y con unas úlceras en el cuerpo que se le veían hasta los huesos. Todo lleno de moscas, desnutrido y con gusanos dentro de los oídos. El primer día que lo trajeron y empezaron a curarle no tenía fuerzas ni para llorar. Parecía cualquier cosa menos una persona (“no hay en él parecer, no hay en él hermosura”)». Juanito, que está mejorando mucho –«el amor todo lo puede»-, es ahora el favorito de David, aunque al principio no tenía fuerzas ni para acercarse a él.

Es verdad, Juanito ha tenido ‘suerte’: se ha encontrado con personas que lo aman porque se han encontrado con el amor de Dios. Cuando se vayan David, María, Jesús… vendrán otros, y luego otros, que seguirán siendo ayudados por las hermanas mientras echan una mano en lo que les encargan y hacen presente la ‘suerte’ –el amor de Dios que se hace el encontradizo- para los otros. Pero Juanito, además, ha tenido mucha suerte: si hubiera sido “Juanita” quizá no habría podido nacer. Ser niña en la India, como en China y en otros muchos lugares del mundo, es motivo suficiente para ser condenada a no nacer. Además, con parálisis cerebral, doble condena: esto como en Occidente, en el ‘civilizado’ Occidente.

Juanita” no habría podido nacer, y todos nos hubiéramos quedado tan tranquilos. Millones de niñas son abortadas y todos seguimos callados. Admiramos a las mujeres chinas que ganan medallas de oro, pero no nos preocupamos de que muchas mujeres chinas sean abortadas, incluso contra la voluntad de sus padres. ¿Cómo vamos a protestar de que en algunos países se pueda abortar a las niñas porque sí, si aquí justificamos que a todos se les pueda abortar porque si? ¿Cómo extrañarnos de que cada día se aborten miles de “juanitas”, si aquí tenemos monstruos (RAE, 5ª acepción: «persona muy cruel y perversa») que justifican el aborto como un ‘derecho’?

Mientras con nuestros pecados –el de omisión también lo es, y uno de los peores- unos cada día hacemos el mundo más terrible y menos habitable otros, gracias a Dios, lo hacen más humano, silenciosamente y por amor. «Quien salva una vida es como si salvara a la Humanidad entera», dice el Talmud. Quienes aman a Juanito, a Prince, a “sus chicas”, a su prójimo, aman al mundo entero. Ciertamente, ¡qué ‘suerte’ tenemos!