A propósito de la intención anunciada por el alcalde de Marinaleda, el inefable Juan Manuel Sánchez Gordillo, de volver a ocupar la finca rural “Las Turquillas”, propiedad del Ministerio de Defensa, sería interesante que la Junta de Andalucía aclarase algunas cosillas. La primera, si esa intención lleva aparejado el cultivo de la tierra por parte de sus ocupantes futuros y la segunda si esos agricultores perciben actualmente la subvención del PER por falta de trabajo.
Si ambos supuestos fuesen afirmativos, aconsejaría al Ministerio de Defensa que se pensara seriamente la eventual cesión de los terrenos al Sindicato Andaluz de Trabajadores, es decir, el inspirador de la iniciativa “okupa”. Si la tierra es para el que la trabaja y resulta que los jornaleros no tienen trabajo pero viven muy bien de la subvención, bueno sería que se les diese la ocasión de cultivar la tierra.
Personalmente pondría una condición: que el fruto de su trabajo, que supongo sería organizado en cooperativa al estilo soviético –eso, un “koljov”- se reparta entre las ONG que atienden a los más necesitados. O mejor aún: de acuerdo con la ideología marxista que practica estel sindicato de “okupas”, la complaciente Junta de Andalucía debería exigirles que abriesen un supermercado con los productos del campo obtenidos, para que puedan abastecerse gratuitamente cuantos ciudadanos tuviesen necesidad. Y así con cuantas fincas de dominio público existentes en Andalucía al objeto de acabar de una vez por todas con esa sangría del Plan de Empleo Rural (PER) que ha supuesto a los contribuyentes un desembolso de cuatro mil millones de euros en los últimos veinte años.
Recuérdese que esta subvención, concebida por Felipe González para sus paisanos andaluces, está destinada a garantizar una renta mínima a los jornaleros del campo que no tienen faena…Decía a este propósito con su habitual sorna catalana el dirigente de CIU Josep Antoni Duran y Lleida, que “algunos perciben el PER para ir al bar del pueblo”. El bueno de Durán, que no da puntada sin hilo, lo decía a sabiendas de que el famoso plan, al igual que ha ocurrido con los “eres” falsos patrocinados por el socialismo andaluz a fin de que sus amiguetes no tengan que estrujarse demasiado las meninges para mantener sus hogares y sus vicios, existe una amplísima casuística de fraudes que ha dado mucho que hacer a los jueces andaluces a lo largo de los años. Por el banquillo de los acusados han desfilado multitud de alcaldes y empresarios acusados de haber firmado peonadas falsas a jornaleros que nunca habían trabajado en las empresas agrarias.
O sea que la “okupación” de “Las Turquesillas” se puede presentar como una ocasión de oro para que Sánchez Gordillo y sus camaradas del SAT dediquen su tiempo a una auténtica revolución agraria, sin necesidad de recurrir a los métodos expeditivos de sus grandes maestros, Lenin y Stalin, que tanta sangre derramaron en los campos sovietizados para someter a los campesinos. Como disponen de la comprensión de la semicomunista Junta de Andalucía, les bastaría con solicitar educadamente a latifundistas y entes públicos la cesión por un tiempo -¿bastarían 99 años, como se suele hacer con ciertos acuerdos mercantiles?- de los terrenos sin cultivar para que los trabajaran, eso sí, los afiliados al sindicato.
Se establecería así una sana competencia entre todos los agricultores que se ganan el sustento con el sudor de su frente. Los “okupas” también sudarían, faltaría más, pero lo harían sin preocuparse de cobrar ningún salario ni subvención: su meta sería la de producir mucha fruta, muchos cereales y muchas verduras para distribuirlos gratuitamente al pueblo, una vez satisfechas sus propias necesidades. Así contribuirían, además, a acabar con el capitalismo representado por los supermercados a los que no tendrían que robar más.
Claro que ello puede presentar algunos problemillas colaterales, como dejar sin empleo a los trabajadores de estas empresas que pronto se declararían en ruina. Pero no les faltará la ayuda inmediata de los grandes profesores de economía como los Tomás Gómez de turno para aportar sugerencias. Una de ellas puede ser la supresión del dinero y el establecimiento del trueque como forma de pago: me das una sandía y te arreglo la persiana de tu ventana… y cosas así. Claro que ese sistema no generaría impuestos y la Junta andaluza no podría pagar a sus numerosos funcionarios públicos, pero para eso están los próceres de la televisión andaluza: para culpar al Gobierno central de querer privatizar la sanidad y la enseñanza…
La rueda puede girar mucho más, según la imaginación de cada cual, pero, en realidad, me estoy alejando de mi modesta pretensión inicial: dar trabajo a los sindicalistas de Gordillo. Todo a cambio de la cesión de unas cuantas “Turquesillas” de nada. Como digo, es la ocasión de oro de acabar con el PER. Aunque me da la sensación de que trabajar, lo que se dice trabajar, estos sindicalistas de Gordillo no parecen tener una clara intención. Lo suyo es vociferar, levantar el puño y vivir del cuento, aparte algún que otro asalto a los super montados por el capitalismo…

















