El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir (A. Einstein)

Las miserias del Partido Comunista, al descubierto

El llamado “juicio del siglo” en China ha quedado visto para sentencia. Gu Kailai será condenada por el asesinato de un empresario británico y su marido, Bo Xilai, hijo de uno de los 8 fundadores del Partido, queda definitivamente apartado del poder. En otoño tendrá lugar un nuevo relevo generacional en la cúpula comunista, y estos cambios suelen ir acompañados de purgas políticas, a veces sangrientas. La novedad del caso actual es que deja al descubierto las miserias de la élite política. A pesar de la censura, las descarnadas luchas por el poder o el lujoso tren de vida de los dirigentes chinos no son ya ningún misterio para buena parte de la población. Sólo el tiempo permitirá calibrar la erosión en la autoridad del Partido a raíz de estos acontecimientos, pero es evidente que sí habrá consecuencias.

China se enfrenta a serios desafíos, como las desigualdades o el envejecimiento de la población, con importantes repercusiones para el resto del mundo. Hasta ahora, el Partido ha podido presentarse como cierta garantía de estabilidad, y esto es lo que podría cambiar. Desde el exterior, no tiene sentido ahora una descalificación frontal del liderazgo chino, pero sí más exigencia en materia de derechos humanos. No se entiende, por ejemplo, que se organice una campaña internacional contra Rusia, por el juicio contra un grupo punk, que profanó la catedral ortodoxa de Moscú, como protesta política, mientras se calla ante la continua desaparición de obispos y sacerdotes en China. Claro que, en plena dictadura soviética, tampoco eran frecuentes ese tipo de condenas en Occidente.