Para justificar el plante de Andalucía al Consejo de Política Fiscal y Financiera, el secretario general del partido socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, hizo ayer, sin pretenderlo, el mejor retrato de la realidad al acusar al Gobierno de haberle ofrecido tan solo “lentejas”, que las tomas o las dejas. Pero lo que Rubalcaba no tuvo en cuenta en su crítica al Gobierno es que justamente eso, unas humildísimas lentejas, es lo que Rajoy se ve obligado a administrar ahora para impedir que España muera de la inanición a la que el propio Rubalcaba tanto contribuyó a condenar. En esta especie de baño de realismo a la inversa de la oposición, su compañero de partido y presidente de la Comunidad autónoma andaluza, José Antonio Griñán, que tanto sabe de cómo gastar dinero en subvenciones y falsas regulaciones de empleo, ponía el grito en el cielo al advertir que la obligación de cumplir con el tope de déficit, le puede suponer un sustancial recorte a la sanidad y la enseñanza.
Para rizar el rizo de la incongruencia, el líder socialista de la Comunidad de Madrid, Tomás Gómez, no dudaba en afirmar que si el Gobierno recorta el nivel de gasto de las autonomías gobernadas por los socialistas es porque son las únicas que mantienen el Estado de Bienestar, como si los ajustes presupuestarios no afectaran al conjunto de España… Estos ejercicios malabares de demagogia y cinismo político tienen como fin no solo desgastar al Gobierno sino mantener la ficción de que solo el socialismo se ocupa del bienestar de los ciudadanos, mientras los populares se empeñan en complicarles la vida. La cruda realidad ha demostrado justo lo contrario: que ha sido el socialismo el que ha quebrado el Estado del Bienestar con sus despilfarros y que solo ha dejado para repartir las lentejas que, al parecer, no le gustan nada a Rubalcaba.

















