ser progresista es luchar por una legislación que prohíba el aborto. (Mons. Elías Yanes)

Cuando llegue el final del túnel…

Aunque no de muestras de nerviosismo, es evidente que el Gobierno de Mariano Rajoy se enfrenta a un reto político de envergadura con el plante de Cataluña y Andalucía en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, que ha hecho visible la ruptura de la unidad de España frente a la salida de la crisis. Aunque los casos de las dos comunidades son diferentes en cuanto a sus motivaciones, el fondo es prácticamente el mismo: la negativa a aceptar los límites de la deuda que cada comunidad autónoma debe aplicar para acompasarse con la obligación del Estado de disminuir el déficit hasta el nivel exigido por Bruselas. Pero si en el caso andaluz se basa en razones ideológicas, como ocurre con matices de forma con Canarias y Asturias, el caso catalán tiene como componente añadido una escalada soberanista que hace más insostenible y deleznable su actitud.

La serenidad con que el Gobierno está afrontando estos desafíos, que algunos medios no han dudado en calificar de traición a España, tiene una base bastante razonable: que a falta de liquidez, las comunidades rebeldes no tendrán más remedio que plegarse a la dura realidad de recortar sus previsiones de gasto. El problema reside, de momento, en el lamentable espectáculo de desunión que estas comunidades están dando en una Europa que no deja de dudar sobre la forma de las ayudas que, tarde o temprano, tendrá que adoptar para evitar el naufragio no solo de España sino del euro y del gran proyecto de unidad europea. Se da así a la paradoja de que mientras se está exigiendo a Europa una sólida determinación para actuar unida frente a la crisis, en España algunas regiones se empeñan en romper su cohesión interna en un intento casi suicida de fragilizar al Gobierno al que prefieren ver tuerto aunque, cuando llegue el final del túnel, que llegará, no puedan ver la luz.