ser progresista es luchar por una legislación que prohíba el aborto. (Mons. Elías Yanes)

Los Scouts señalan la ruta

Miguel A Espino Perigault

Cuando las tinieblas oscurecen el camino y la carga del viento infunde recelos al caminante experimentado, éste  comprende  que es el tiempo de mantenerse en la ruta recorrida y no aventurarse por   caminos desconocidos.

Es lo que han hecho, con mucha sabiduría  y  como un  inconmensurable   servicio  a sus respectivos países,   las organizaciones   de niños Scouts (Niños Exploradores) de los Estados Unidos y de Panamá  al declarar, con toda claridad y firmeza y con pocos días de diferencia entre ellas,   que las beneméritas organizaciones  no aceptarán, como hasta ahora no  lo han hecho, homosexuales adultos en su seno.  La organización norteamericana analizó el tema durante muchos meses y reafirmó su posición inicial de rechazo   al homosexulismo.

En la misma semana, recién pasada, la organización panameña anunció la decisión tomada, única en América Central. El Director Ejecutivo,   Víctor Winter, explicó, en conferencia de prensa,  que la medida  se tomó  para proteger as los niños y jóvenes menores de edad, del homosexualismo político.

Winter no se anduvo por las márgenes al anunciar la importante medida.  Señaló que la principal razón para tomar esa   decisión es “porque ningún padre de familia va a inscribir a sus hijos en un grupo Scout cuando abiertamente se sabe hay algún homosexual”.

La acción tomada por  ambas organizaciones – así como las de cualesquiera otras en el mundo que la hubieran tomado-  descansa sobre un principio fundamental para el bien común de la sociedad: el respeto a la familia y al derecho de los padres sobre sus hijos. Los Scouts han dado un ejemplo, no solamente a las organizaciones no gubernamentales de sus respectivos países, sino al mundo entero; a  un   mundo   cubierto  por   las tinieblas del llamado progresismo laicista que obnubila  la comprobada corta inteligencia de muchos políticos   y de no pocos gobernantes de nuestros días.    

Es conocido universalmente que   los Scouts son una respetable organización internacional privada, comprometida por sus estatutos   a colaborar con los padres de familia en la formación de sus hijos menores,  confiados a  su cuidado y protección, en el cultivo de  valores humanos tradicionales y el respeto a la naturaleza de la que forma parte: La ecología del hombre, de  la que hablaría Benedicto 16 como un tema olvidado (Berlin, Bundestag, 22/07/11)

El punto que nos interesa, en particular,  es el hecho conocido de que los homosexuales son percibidos generalmente   como corruptores de menores. Esta generalización es injusta, en el sentido de que no se puede decir tal cosa de todos los homosexuales, ni que sea un mal exclusivo de ellos.

Sin embargo, el mismo movimiento homosexual internacional, en sus planteamientos ideológicos de género, se traiciona a sí mismo al exigir  como derecho el “matrimonio” entre individuos del mismo sexo y el reconocimiento de  su conducta sexual    como   normal y natural, cuando, en realidad, es un acto contra natura,  un  envilecimiento de la sexualidad humana y una afrenta a la bimilenaria moral cristiana.

  Además, los homosexuales exigen  que se les reconozca y se acepte su caprichosa interpretación de  la “identidad de género”, que significa poder  escoger, cada uno,  o imponerle  a los niños, una identidad sexual diferente a aquella con la cual se nace y que es definida como “género”, una supuesta  construcción  cultural, según la viciada ideología que los alienta.  La tal “identidad de género” se complementa con la   ”orientación sexual”, que, además de referirse al  mencionado sexo   entre iguales, incluye,   por extensión, el sexo con niños, con adolescentes,   con animales y el incesto, que son también orientaciones sexuales.  ¿Cómo no rechazar tan tales aberraciones y a sus propulsores,  los homosexuales?

 No se trata, simplemente,  de un tema de izquierdas o derechas, ni de progresistas o conservadores, como suelen presentarlo los medios de comunicación al servicio de la cultura de la muerte, encubridora del anti-familia movimiento homosexual.  El bien y la  verdad no tienen partido: están por encima de esas etiquetas.