El Papa ha tenido este domingo un recuerdo especial para algunos de los lugares del mundo que están pasando dificultades. Y en ese momento, de entrañable afecto, se ha dirigido a los peregrinos de lengua española que participaban en el Ángelus para tener presentes todos los españoles, en particular a aquellos que están atravesando momentos complicados o dolorosos, sometidos a duras pruebas. Sabemos que el Papa lleva a España en lo más profundo de su corazón. A lo largo de su pontificado lo ha expresado en numerosas ocasiones. Quedan grabados ya para siempre en nuestra memoria sus viajes a Valencia, en 2006, con motivo del Encuentro Mundial de las Familias; a Santiago de Compostela y Barcelona, en 2010; y a Madrid, en agosto del año pasado, para presidir la Jornada Mundial de la Juventud.
Precisamente, ahora hace casi un año, nada más aterrizar en Madrid, nos dijo que no faltan dificultades; que subsisten tensiones y choques abiertos en tantos lugares del mundo, incluso con derramamiento de sangre; que la justicia y el altísimo valor de la persona humana se doblegan fácilmente a intereses egoístas, materiales e ideológicos y que muchas personas, sobre todo muchos jóvenes, miran con preocupación el futuro ante la dificultad de encontrar un empleo digno. Pero ese mismo día, Benedicto XVI nos dijo también que nada ni nadie nos debe quitar la paz. De otra manera, y con otras palabras, nos lo ha vuelto a decir ahora. Sabe que lo estamos pasando mal, nos acompaña en el sufrimiento y nos invita, en este contexto tan complicado, a ser valientes y a no renunciar a nuestras raíces. Solo así, dando un testimonio decidido y prudente a la vez, sin ocultar la identidad que nos conforma, y mirando al futuro con esperanza, estaremos poniendo las bases para superar el bache en el que nos encontramos.

















