Desde el inicio de las revueltas en 2011 han sido asesinadas miles de personas inocentes y cunde la sensación de un cierto desinterés por parte de las instituciones internacionales. Todavía estamos esperando conocer cuál es el plan anticrisis que Rusia prometió tras vetar los pocos esfuerzos internacionales que se han hecho para detener las violaciones masivas de derechos humanos.
Entre las escasas voces que se han levantado está la de Benedicto XVI. Ayer realizó un llamamiento urgente para que se ponga fin al derramamiento de sangre. Las palabras del Papa son preclaras al pedir a Dios la sabiduría del corazón, especialmente para aquellos que tienen mayor responsabilidad, para que no se ahorren esfuerzos en la búsqueda de la paz, incluso desde la comunidad internacional, a la que citó explícitamente, y a la que invitó a trabajar por la reconciliación. Hace mucha falta que así sea, porque resulta vergonzoso que buena parte del mundo esté mirando para otro lado mientras Siria se desangra.

















