
“Prefiero centrarme en la esperanza que nos da la fe y la confianza en Dios. Valoro lo que está haciendo la Iglesia, tan cercana a los más necesitados, aunque sea con medios pobres; ahí está Caritas, como un ejemplo, y todos los voluntarios”. Y afirma que “en el corazón de la Iglesia encuentra eco todo lo humano”.
“No se cual será la solución a este grave problema, no es esa mi competencia, ni pretendo entrar en un campo que no me corresponde. Mi tarea es señalar una vía libre para que puedan, creyentes o no creyentes y los responsables de la vida pública y económica, acercarse a Dios y pedir la Luz que necesitamos todos, porque la urgencia está, no sólo en el estado de las cosas, en la avalancha de los problemas, sino de lo que está en juego: la necesidad de alcanzar una auténtica fraternidad”.
Pide a Dios “que se acierte en las decisiones, para que no sean sólo los que viven al día los que soporten las pesadas cargas de los recortes y sacrificios; que todos cumplamos las exigencias de la justicia, para no dar como ayuda de caridad lo que ya se debe por razón de la justicia”.
“A todos los que os mueva la fe, responded como cristianos, confiad en Dios y rezad con fuerza para que sea Él quien nos ayude a salir de este drama, siendo capaces de cambiar la mentalidad y teniendo el coraje para suprimir las causas de estos males, aunque sabemos que nos espera un tiempo de sacrificio”, concluye.

















