Elena Cabrera.- La Iglesia del Real Monasterio de la Encarnación abrirá desde este jueves, 26 de julio, a los numerosos fieles que acuden, con motivo de la fiesta de San Pantaleón, a venerar las reliquias del mártir. Con este motivo, hemos conversado con D. Joaquín Martín Abad, Vicario Episcopal para la Vida Consagrada, quien nos ha hablado de San Pantaleón. 
Háblenos de la festividad de san Pantaleón. ¿Cuál era su carisma?
San Pantaleón, mártir, había nacido en Nicomedia en el siglo III, en la actual Izmit de padre pagano y madre cristiana. Escogió ser médico y ejerció la medicina. Atraído por un sacerdote vio que invocando a Jesucristo realizaba curaciones que no podía por la simple medicina. Y se hizo bautizar, al mismo tiempo que también su padre tomó la misma decisión. Desde entonces empezó a ejercer la medicina gratis, de tal modo que el llamaban el médico “sin plata”. Algunos colegas lo denunciaron de hacer magia, pero en realidad era por ser cristiano y por ser caritativo en el ejercicio de su profesión. Después de ser torturado, fue decapitado el día que entonces correspondía al actual 27 de julio del año 305, durante la persecución de Maximiano y Diocleciano, junto con otros dos cristianos, Hermipo y Hermócrates.
¿Qué nos puede contar sobre las reliquias del santo expuestas en el Monasterio de la Encarnación?
Entre los cientos de reliquias del relicario del Real Monasterio de la Encarnación hay dos de San Pantaleón, una ampolla con sangre y un trozo de un hueso. Están aquí desde el comienzo del Monasterio, cuya primera piedra se puso en 1611. El Virrey de Nápoles, Juan de Zúñiga, Conde de Miranda, que tuvo una hija quien fue la segunda priora del Monasterio recibió la ampolla con la sangre del papa Pablo V, y los padres de doña Aldonza, su hija y agustina recoleta, la regalaron al Monasterio. Esta porción de la sangre proviene de una ampolla más grande del mismo santo que está en la catedral de Ravello (Italia) y en la que se produce el mismo fenómeno de la licuefacción de la sangre por la fecha del martirio de San Pantaleón. Todos los años, sin faltar uno, puntualmente se produce este fenómeno, así que no es verdad en absoluto que algún año no se licuara y que entonces provendrían catástrofes. El fenómeno es muy lento, y el mismo aquí que en Ravello o en otros lugares donde hay porciones de la misma sangre: por el mes de mayo y junio el contenido de la ampolla va cambiando de color, de más parduzco a más rojizo, progresivamente más cerca de la fiesta aumenta de tamaño y poco a poco pasar de estar en estado sólido a un líquido primero más pastoso y luego con mayor grado de liquidez. Después de la fiesta se produce el fenómeno inverso, se va condensando el líquido, se va oscureciendo el color, y disminuye de volumen hasta que llega a estar en estado totalmente sólido.
La primera constancia escrita de este fenómeno data ya del año 1112, es decir, en este año se cumplen nueve siglos de ese escrito, y las tradiciones orales se remontan al mismo siglos atrás. Por eso hubo tanta devoción al Santo en Constantinopla, en la costa amalfitana y en Roma, Alemania, toda Europa, y hasta que llegó aquí la reliquia en Madrid.
La veneración de las reliquias de este mártir, como las de todos los santos, nos remiten a Jesucristo “el primer mártir”, “el testigo fiel”. Cuando veneramos a un santo el mismo santo nos reenvía a Jesucristo de quien recibió la gracia para seguirlo en fidelidad.
¿Cómo acogen los madrileños esta festividad? ¿Cuántas personas acuden cada año a venerar al santo?
Desde que hay memoria en el monasterio se recuerda la devoción a este santo, incluso las Monjas pidieron y les fue concedido de Roma esquema de la misa y del oficio divino para este día. Los madrileños vienen tanto a pedir favores como a dar gracias por los favores recibidos. Pero no sólo vienen de Madrid, sino de muchos lugares de España, singularmente de pueblos donde hay imágenes o ermitas dedicadas a san Pantaleón. También vienen del extranjero, algunos por curiosidad, pero la mayoría con fe y deseos de pedir la salud por sus enfermos o algunas otras gracias que no sólo se trata de la salud corporal, sino también espiritual.
La afluencia de personas viene según los días, más fieles cuando coincide la fiesta en fin de semana. Entre la víspera, el 26 y la fiesta, el 27 suelen pasar entre siete mil y diez mil personas.
¿Qué destacaría de san Pantaleón? ¿Puede ayudar en el tiempo actual?
Que la fe en Jesucristo lo llevó a la caridad con los hermanos y a la fidelidad con Dios hasta la misma muerte con la esperanza puesta siempre en Dios. La ayuda para este tiempo, como para los pasados y venideros, es que la fe, con esperanza, lleva a la caridad.

















