Eloy Bueno de la Fuente, Catedático de Teología, participó en la 65ª Semana Española de Misionología, donde hizo un llamamiento a que “la misión no sólo debe estar en el corazón de la Iglesia, sino que la Iglesia debe nacer del corazón de la misión’. En su ponencia, titulada “La misión ad gentes dinamismo de la nueva evagelización”, según recoge Revista Ecclesia, insistió en la necesidad de recuperar el decreto Ad Gentes del Concilio Vaticano II y la encíclica de Juan Pablo II Redemptoris Missio. En ambas se recoge la gran reflexión sobre el sentido de la Iglesia ante lo diferente, ante lo no-cristiano. Es necesario repensar lo ocurrido en Pentecostés: ‘La Iglesia, identificada con el cenáculo, mira hacia arriba y ve lo grande que es el mundo. Y… no le tiene miedo’. 
Antes de su conferencia, tuvo lugar la inauguración del encuentro, que contó con la asistencia del presidente de la Comisión Episcopal, Mons. Braulio Rodríguez y resto de los miembros de la Comisión: Mons. Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona y Mons. Elías Yañes, expresidente de la Conferencia Espiscopal. El acto inaugural, presidido por Mons. Francisco Gil Hellín, dio paso a la conferencia de Mons. J. Octavio Ruiz Arenas, Obispo Secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, quien desarrolló “La Dimensión misionera de la Nueva Evangelización” e hizo un recorrido sobre el ser de la misión y cómo debe implementar la misión ad gentes, el nuevo ardor, los nuevos métodos, los nuevos testigos.
También participó Mons. González Montes, Obispo de Almería, que disertó sobre ”Ámbitos del primer anuncio”, centrada en ”los desafíos de la Nueva Evangelización: la ciudad secular y el diálogo en la frontera de la fe. Desde su agudo análisis sobre el complejo fenómeno de la secularización de la cultura”. En ella, trató de mostrar cómo el mensaje de Jesucristo no sólo es actual, sino que puede actuar de argamasa en muchos espacios de ‘fragmento’ o, incluso, de ‘falla humana’ en la cultura de hoy”. Por otra parte, recordó que ”la Iglesia nunca puede renunciar al diálogo y a las posturas de frontera. La experiencia evangelizadora de tantos siglos es un ejemplo y acicate para vivir en el ‘atrio de los gentiles’ con la alegría del Dios que salva y da la alegría que se hace felicidad”.

















