La cantinela socialista de que “las cosas estaban mal pero ahora, con Rajoy, están mucho peor”, de momento no funciona, según muestran las encuestas. En su argumentación sobre esa “evolución a peor” los dirigentes socialistas se quedan a mitad del camino y se guardan de recordar que todo empezó cuando ellos se dedicaron a malgastar los fondos públicos en una irresponsable aceleración de las deudas. Convirtieron la crisis en una avalancha hacia el abismo y ahora pretenden que el Gobierno de Rajoy obre el milagro de reparar lo destruido de la noche a la mañana, y además sin coste social alguno.
Se diría que lo que propugna la oposición es que Rajoy siga el camino por ellos emprendido y se suba a la avalancha del despilfarro, la deuda, el déficit y las subvenciones para mantener la ficción de un imaginario Estado del Bienestar que es imposible de mantener en sus términos anteriores. Es absurda la escalada de recursos ante el Tribunal Constitucional de casi todas las reformas emprendidas por Rajoy, incluida la laboral que acaba de entrar en vigor. Son reformas que exigen tanto el sentido común como las pautas marcadas por Bruselas si queremos seguir en la Unión. A la fiesta de la demagogia se han unido con entusiasmo los sindicatos enardecidos con la “marcha negra” sobre Madrid del sector del carbón que trata de imponer al Gobierno el mantenimiento de unas ayudas en la práctica imposibles porque la caja común no da para más. Y eso lo sabe muy bien el jefe de la oposición porque información no le falta.

















