Hemos de felicitarnos porque en los últimos años han descendido en España los accidentes y las muertes en carretera de manera importante. Hay que seguir subrayando, sin embargo, que aún es posible mejorar mucho e incidir en las causas más frecuentes de los accidentes que se siguen produciendo, y que son ligerezas graves y gratuitas en el comportamiento de los conductores. En estos días en los que se multiplican los vehículos en nuestras carreteras con motivo de los desplazamientos veraniegos, está en nuestra mano que también ahí, en las carreteras, en los vehículos y, sobre todo, en el corazón de los conductores, resplandezca la fuerza renovadora del Evangelio.
Tenemos que seguir trabajando para que nuestras carreteras sean caminos de encuentro, de vida, de desarrollo, nunca vías de muerte, y continuar educando en una conducción responsable y respetuosa con las normas.

















