ser progresista es luchar por una legislación que prohíba el aborto. (Mons. Elías Yanes)

Detrás de las marchas gays

Miguel A. Espino Perigault. Analista Político Internacional (Panamá).- Como lo han hecho recientemente en muchas ciudades del mundo, para conmemorar el ridículo “Día del orgullo gay”,  aquí en Panamá, también,  los representantes criollos de esa agenda propia de la cultura de la muerte,    llevaron a cabo su  “marcha del orgullo gay”. Es el octavo año consecutivo que la llevan  a cabo y, al igual que el año pasado, estuvo presente en la marcha una representación de la embajada de los Estados Unidos., cuyo gobiernos de distingue por el apoyo al aborto y a la homosexualidad en todo el mundo. También participó, por cuenta propia,  un  ministro de estado con aspiraciones presidenciales y otros políticos igualmente ávidos de votos a como de lugar.   

 

Aunque  estas  marchas constituyen     actividad  aceptada como   derecho relacionado con  las libertades ciudadanas de expresión y movilización, no deja uno de prensar en estos cambios de  los tiempos.  Hace algunos años, entre nosotros,  sólo se organizaban marchas respetuosas de las “buenas costumbres y la moral”.  Pero, hoy día, el modernismo desdibuja aquellos  límites, y en años recientes hemos visto desfilar con desparpajo y   con insolencia    ”marchas de putas” desafiantes  y de homosexuales orgullosos. Sin dudas, un cambio hacia atrás, hacia la destrucción de valores tradicionales.

 

Pero, la  democracia sin reglas morales es así y los linderos  de la tolerancia se extienden por  terrenos  escabrosos  de la libertad sin responsabilidad y el igualitarismo antinatural.

 

Miles de hombres   viven en  su homosexualismo  en su intimidad o a la libre, sin que nadie se entere ni a nadie  le importe.   Una encuesta publicada recientemente en un diario nacional señala que los homosexuales representan el once por ciento de la población panameña; una cifra de dudosa veracidad y    que parece ser la más alta del mundo. Pero, lo importante  es preguntarnos si los organizadores   de estos actos   tienen derecho a hablar en nombre de los miles de ciudadanos   que se consideran homosexuales pero rechazan el exhibicionismo del que suelen hacer gala.   

 

Es muy  posible que no todos los homosexuales   se sientan orgullosos de serlo. Pero, todos  los ciudadanos  deben   conocer lo que se esconde  detrás de estas marchas y a lo que apuntan,  que no es otra cosa que un cúmulo de calamidades, como las padecen muchos países del mundo que vieron con indiferencia los primeros desfiles por el orgullo gay.  En primer lugar, estos desfiles se   presentan como una reivindicación histórica, por el universal rechazo  dado a la sodomía (homosexualismo) durante  siglos, empezando con el castigo divino a las ciudades bíblicas de Sodoma y Gomorra. 

 

 Se crea  así el  “espíritu de grupo” propio de quienes comparten un ideal común,  como en un equipo deportivo o en una pandilla de delincuentes.

 

 Detrás de las marchas hay una estrategia de concienciación que apunta al   establecimiento de un  Nuevo Orden Mundial pagano, impulsado  por las Naciones Unidas: un reordenamiento centrado en antivalores  dizque “revolucionarios”; pero tan antiguos  y corruptos como los de  Sodoma y Gomorra.

 

 No se trata de  inocentadas de chicos traviesos; sino desafíos al orden natural y retos a su divino Creador.

 

La homosexualidad es calificada de abominable  y rechazada en todas las religiones. La marcha del “orgullo  gay”,  punto inicial de la agenda concienciadota  homosexual constituye

 Una  afrenta  a la cultura religiosa de todos los pueblos y una ofensa a sus sentimientos y creencias. Contra ellos se estrella el    homosexualismo político cual un nuevo imperialismo ideológico, extendido en todo el mundo.  

 

  Canadá  y Estados Unidos son  ejemplos  dramáticos del sectarismo,   los abusos y la  intolerancia homosexual. En Europa, España se presenta como un lamentable ejemplo de calamidades.  En Latinoamérica, Argentina,  Brasil y México presentan sus principales avances.

 

Una vez posesionados como minoría ultrajada, los homosexuales exigen  leyes contra la supuesta discriminación sufrida,   sin que nadie entienda en qué se les discrimina. Entre nosotros, por templo,  los homosexuales  trabajan en donde quieren, ocupan puestos importantes en  empresas gubernamentales y privadas, según sus habilidades y conocimientos.  Viven como y con quien quieren, con esposas o amigos  y  nadie los molesta.

 

 Pero, a las leyes antidiscriminatorias siguen, siempre, las de   “matrimonios” y de adopción de niños. Ésta constituye una violación al derecho humano del niño  de crecer y desarrollarse en un ambiente normal de padre y madre, recomendado por las ciencias de la conducta humana.    Los “matrimonios”  homosexuales  atentan contra   la milenaria institución, por  caprichos ideológicos. 

 

Las leyes antidiscriminatorias protegen la llamada “orientación sexual” y, al promoverse,  se incrementan los conflictos sexuales en los individuos y aumentan  las aberraciones como la pedofilia, la pederastia, el incesto y el sexo con animales, que son todas orientaciones  sexuales que se originan por abusos sexuales sufridos o malos ejemplos y enseñanzas en esos grupos esenciales en donde crecen los niños y que pretenden  llamarse familia.