Benedicto XVI ha realizado ayer un trascendental nombramiento en la Curia Romana. Se trata de Mons. Ludwig Müller, nuevo Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Es un puesto que conoce muy bien Joseph Ratzinger, ya que durante 24 años se encargó de esa responsabilidad al servicio de Juan Pablo II. Es una tarea que requiere gran conocimiento teológico, amplitud de miras, coraje y anchas espaldas. Naturalmente el Papa busca un hombre arraigado en la Tradición, pero también conocedor y amante de su tiempo. No se trata principalmente, como piensa cierta prensa, de meter en cintura a los teólogos díscolos. A las puertas del Año de la Fe Benedicto XVI sabe que no se trata de defender las últimas torres de la fortaleza sino de avanzar en la inteligencia de la fe y favorecer que crezca la vida cristiana.
Müller tiene 64 años y desde 2002 guía la diócesis de Ratisbona. Ha plantado cara a los grandes medios cuando atacaban a la Iglesia y en especial al Papa, y a los políticos tan acostumbrados en Alemania a intervenir como seudo-teólogos. Benedicto XVI quiso confiarle la edición de sus Obras Completas. Es además un gran amigo de España, cuya lengua y tradición le son muy familiares. Le deseamos buen trabajo por el bien de toda la Iglesia.

















