Parecía que todo estaba ya dicho sobre la herencia recibida por el Gobierno de Mariano Rajoy pero a medida que se levantan alfombras se descubren nuevos fardos. En el caso de los “Eres” falsos de Andalucía, la juez que lo instruye ha encontrado que muchos documentos que probaban la eventual implicación de otros altos cargos en la falsificación de expedientes han sido sencillamente destruidos, según ha declarado con toda desfachatez uno de los acusados del fraude. Pero más asombro aún causa el hecho de que el Gobierno de Zapatero, que acordó con Bruselas el paulatino descenso de las subvenciones a la minería del carbón hasta su cierre definitivo en 2018, regaló prácticamente a las empresas explotadoras 500 millones de euros en la época que acudía triunfante a la cita anual de Rodiezmo para ser aclamado por los sindicatos mineros.
Zapatero no solo burló unos acuerdos vinculantes que ahora trata de aplicar el ministro de Industria, José Manuel Soria, sino que indujo a los mineros a creer que el fraude podría mantenerse en el tiempo, lo cual explica en parte la violencia de la huelga de este sector. Mientras los mineros acentúan el radicalismo de sus protestas la oposición socialista mantiene su respaldo a la huelga sin que pueda alegarse que el PSOE ignoraba lo ocurrido. Su actual líder, Pérez Rubalcaba, asistió al Consejo de Ministros que decidió archivar un informe de la Intervención General del Estado que exigía la devolución de esos 500 millones en los que se habían excedido las ayudas concedidas a las minas. Son hechos que no deberían quedar impunes.

















