Adolfo Caparrós Gómez de Mercado. Doctor en Lengua y Literatura.- Frente a la cultura de “usar y tirar” Una forma de resistencia, de Luis García Montero –Editorial Alfaguara- nos plantea todo un alegato a la nostalgia. Así, va recorriendo, uno a uno, todos esos objetos cotidianos que configuran un hogar. 
Por ejemplo, el jersey que le regaló un primer amor, ya remoto, que, pese al paso de los años, le sigue quedando bien gracias a la chica precavida que regala una prenda holgada en atención a esos kilos que todos vamos ganando.
O las gafas que tienen la tendencia a perderse cada vez que nos levantamos de la butaca, ella misma –la butaca- se convierte en otro objeto entrañable al que García Montero le dedica unas bellas palabras. El asiento en el que leemos, estudiamos, descansamos y hasta echamos un sueñecito, se convierte en una referencia vital hasta para el político que pierde su escaño y debe volver al hogar.
El autor protesta frente a la cultura de tirar y hacer hueco. Se confiesa un nostálgico al que le cuesta tirar una chanclas rotas por un pisotón porque ellas le recordarán un viaje, un país y una cultura que desaparecerían junto con las zapatillas inservibles.
Por supuesto, en este libro tenía que haber un apartado para los bolígrafos. Un poeta, un escritor, depende de ellos para su trabajo. El autor reconoce una manía compulsiva respecto a los bolígrafos que tienen la manía de perderse una y otra vez. No escribe a pluma porque las pierde igual que los bolígrafos y son pérdidas que se llevan mucho peor. Así, una Montblanc que le regaló en su día Francisco Ayala permanece en su caja y a buen recaudo por temor a la pérdida dolorosa e inoportuna.
Copas, espejos, escobas, billetes de autobús… configuran ese microcosmos del poeta que convierte la vida cotidiana en una auténtica obra de arte que nuestros lectores más curiosos no se pueden perder. Ahora que se ha puesto de moda conocer la intimidad del ser humano a través de los célebres “reality shows” conocer una intimidad tan poética y tan bien configurada se antoja inexcusable para los fanáticos en la materia.
El aspecto formal nos remite a ese mundo diario de paquetes de tabaco, despertadores, abrigos, cafeteras y calcetines en una estética celeste y cotidiana que le pega mucho al libro y que mantiene un diseño muy agradable. El tamaño del libro, manejable aunque no de bolsillo, la letra apta para miopes, y los apartados breves, que pueden leerse muy bien en transporte público, terminan de perfilar una edición ideal para todos los públicos. Que la disfruten.















