Para que el mal prolifere basta con que los buenos no hagan nada (Edmund Burke)

Crisis… y corrupción

Los vocales del Consejo General del Poder Judicial tienen previsto debatir hoy un Plan de austeridad y transparencia destinado a evitar que se repitan casos parecidos a los que forzaron, días pasados, la dimisión de su presidente Carlos Dívar. Conviene recordar que este caso no ha sido consecuencia de ningún delito  sino de una denuncia interesada y bastante hipócrita, por hechos que afectan al conjunto de los vocales del Consejo, que el pasado año gastaron cerca de medio millón de euros sin verse en la obligación de detallarlos. Aunque demasiado tarde para evitar el escándalo, parece que los magistrados que integran el gobierno del poder judicial se han dado cuenta de que deben ser los primeros en dar muestras de ejemplaridad, una exigencia que afecta a todos los cargos públicos.

Precisamente estos días, la organización “Transparencia Internacional” ha publicado una encuesta en el seno de la Unión Europea, según la cual más del 70 por ciento de los ciudadanos consideran que la corrupción es el primer problema en su país. El sondeo estima en más de 120.000 millones de euros el montante de los pagos que se hicieron el pasado año en corruptelas de todo tipo, a pesar de los mecanismos de transparencia existentes. Por supuesto hay diversos niveles de corrupción pero es en Grecia, España, Rumanía, Italia e Irlanda donde los partidos políticos se llevan la palma de esta lacra. Los encuestadores reclaman una cultura política de transparencia como primer paso para salir de la crisis, pero es evidente que esa cultura no llegará a imponerse mientras no se recupere el sentido de la vida personal y social, su valor, dignidad y apertura. Porque en esa pérdida está la clave de la crisis de Europa.