El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir (A. Einstein)

Ajustes y recortes

Luis Ignacio Martínez Franco. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología.- Hay una parte de la población española que está irritada. Y con razones de peso. A nadie le gusta que le recorten el sueldo y que con el resto tenga que hacer frente a mayores gastos y a más impuestos y tasas, que empiezan a ser abusivos. Nos habíamos acostumbrado a vivir en el Estado de bienestar, y en un abrir y cerrar de ojos hemos pasado al malestar de nuestro estado.  

 

En la mercadotecnia política se promocionan los ajustes y recortes. Los recortes son consecuencia de los ajustes presupuestarios. Y éstos, de las deudas contraídas sin medida ni control. Ambos son necesarios para corregir el déficit, causa del endeudamiento del país. Es preciso hacerlos. Pero que se haga de manera selectiva, ordenadamente y con justicia.

 

No es lo mismo recortar un cinco por ciento -pongo por caso- de la nómina de un funcionario mileurista que de la nómina de un alto cargo del aparato del Estado. Mientras que a éste no pasaría de hacerle cosquillas en su epidermis económica, para aquél supondría un importante quebranto en su ajustado presupuesto familiar. Justicia implica, aquí, por tanto, progresividad.

 

Por otra parte, el ciudadano de a pie se pregunta: ¿Qué responsabilidad tengo yo de que unos gobernantes se dedicaran irresponsablemente a esquilmar las arcas del Estado? Y podría responderse con razón: ¡Ninguna! Pues bien,  además de no tener nada que ver con el desajuste presupuestario ni parentesco alguno con la prima de riesgo, se le requisa una parte alícuota para amortizar la deuda “soberana”. Por el contrario, para  escándalo de muchos, a los causantes de la tropelía se les premia promoviéndolos a altos cargos públicos.

 

En nuestro monstruoso leviatán (Estado), con sus múltiples tentáculos (estatales, autonómicos, locales), existen miles de altos cargos –no todos necesarios- cuyas nóminas se nutren del Tesoro Público. Dada la crítica gravedad de la situación económica española, y dado que al hombre de la calle ya se le han exigido sacrificios bastantes: ¿no creen, señores del Gobierno (o de los gobiernos), que deberían reducir su nómina en proporción progresiva al sacrificio exigido a los demás?…