Es un diagnóstico duro, pero el ánimo con que se afronta el Año de la Fe, en absoluto es derrotista. El reto que lanza el Papa es redescubrir la alegría que brota del encuentro con Cristo, y la vida en plenitud que nace de esa experiencia. Partiendo de la conversión personal, Benedicto XVI anima a todos los bautizados a salir al encuentro de un mundo en que el eclipse de Dios no ha hecho a los hombres más libres ni más felices, sino todo lo contrario. Hay muchas preguntas y anhelos insatisfechos en el aire, esperando una respuesta. Ése es, justamente, el vacío al que se propone responder la nueva evangelización.

















